miércoles, 16 de noviembre de 2016

Guardianes del Espacio, marionetas del futuro


Una de las series más míticas en la historia de la televisión mundial y que tuvo buena acogida en España, es ésta que será recordada por todos aquellos que tengan más de 55 años. Lamentablemente, ni TVE ni ninguna otra cadena la ha repuesto jamás, a pesar de que se trata de una serie de culto. El paso de medio siglo desde que fue elaborada apenas ha afectado: sus temas y su lenguaje narrativo siguen siendo actuales y quien haya visto al menos un episodio no la olvida con facilidad. Su excepcionalidad derivaba de que no se trataba de una serie de dibujos animados, ni de factura convencional dramatizada por actores de carne y hueso, sino realizada íntegramente con marionetas que evolucionaban en dioramas y en el interior de maquetas de naves espaciales. Esto –y la calidad de sus guiones– es lo que hizo que esta serie sea un punto y aparte en la historia de la televisión mundial.




Es una serie familiar, no sólo porque los padres podían verla junto a sus hijos sin aburrirse, sino porque los protagonistas eran “los Tracy”, casi una familia tradicional. El patriarca, Jeff Tracy, era un antiguo astronauta metido a empresario de la construcción (lo que le daba a la serie un plus añadido, porque, en aquel momento, el boom de la construcción empezaba en España), enriquecido hasta la náusea, que había construido una flota espacial propia cuya base era una isla del Pacífico de su propiedad. Cada hijo era piloto de una nave. Así pues, a cinco hijos correspondían cinco  Thunderbirds, ninguna de las cuales era igual a la otra. Cada una tenía un cometido concreto, incluso una era estación espacial (desde donde se supervisan las misiones) y otra podía viajar al fondo del mar. Junto con el “ingeniero Brains”, el mayordomo de la familia, “Kyrano” y su hija “Tin–Tin”, forman parte de una empresa, Rescate Internacional, especializada en acudir allí donde se producen emergencias insuperables que requieren su ayuda. La familia carece de madre: ha muerto en un accidente, lo que ha determinado al magnate a constituir esta empresa para evitar que vuelvan a pasar desgracias parecidas. Un último personaje merece ser mencionado, aparte: “Lady Penélope”.

Se trata, en realidad de “Lady Penélope Creighton–Ward”, especialista en contraterrorismo y contrainteligencia. Trabaja en Londres para Rescate Internacional y se desplaza en un Rolls–Roy rosa conducido por otro personaje curioso, “Aloysius ‘Nasey’ Parker”. Habla francés, alemán, italiano y español, además de su lengua natal. Se trata de un personaje dotado de cierto erotismo y un aspecto extremadamente cuidado. No es una Barbie estilizada, sino mucho más próxima a las proporciones humanas. Pelo rubio habitualmente con raya a la derecha, o bien recogido y cubierto con sombreros más o menos llamativos, rostro ancho, con pómulos pronunciados y labio inferior carnoso, generalmente luciendo modelos distintos en cada episodio. Su chófer es también inolvidable con ojos saltones y gruesas cejas canosas, entradas pronunciadas habitualmente cubiertas por la gorra de plato que remata un uniforme arcaico de chófer de los años treinta.



La trama discurre en el año 2026 (que ahora está a la vuelta de la esquina, pero que al emitirse la serie era lo más remoto y avanzado que podía concebirse). Todo ha cambiado. Los aviones son impulsados por energía atómica. Las autopistas tienen triple o cuádruple anchura que las actuales. A pesar de que los protagonistas utilizan cohetes y naves espaciales, la trama discurre siempre en el planeta Tierra. Existen misiones espaciales controladas por sistemas informáticos que frecuentemente fallan y obligan a recurrir a Rescate Internacional. La serie tiene elementos que permiten constatar que en los años 60 se tenía un ciego optimismo ante las posibilidades del futuro. Se creía que la humanidad habría avanzado y estaría unificada. Los organismos internacionales gobernarían y las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear estarían presentes en todas las actividades humanas.

Buena parte del éxito de la serie consistió en que los protagonistas –la familia Tracy– lucían vistosos uniformes, cada hijo con un color característico. La sensación que el público infantil y juvenil retenía era que la humanidad debía siempre afrontar graves peligros (de hecho, la idea de la serie se le ocurrió a Gerry Anderson –especializado en series televisivas realizadas con marionetas– al conocer la noticia del hundimiento de una mina en Alemania en la que era necesario organizar rápidamente el rescate para evitar la muerte de los mineros atrapados) por alto que fuera su nivel tecnológico y que solamente una organización “militarizada” y dotada de una alta tecnología, estaba en condiciones de superar las crisis. El hecho de que una familia protagonizara la serie reforzaba el aspecto “tradicional” y el uso de uniformes sugería la idea de disciplina, abnegación, entrega y sacrificio. Obviamente, el aspecto físico de los protagonistas, era el correspondiente a los blancos anglosajones. Solamente el chófer de “Lady Penelope” tenía un aspecto “continental” y algunos personajes aparecen como orientales. Todo se entiende mejor si se advierte que la serie era de factura inglesa y realizada cuando se agotaban los ecos del Imperio Británico.


Otro de los factores de éxito fue la perfección de las maquetas y de los muñecos que protagonizaban la serie. No eran pequeños: tenían 45 cm de altura y se movían por escenarios que correspondían a esa dimensión. Podían mover, no sólo cabeza y miembros, sino también los ojos, pestañeaban y con la boca articulada incluso podían mostrar expresiones de sorpresa, interés o espanto. El diorama mejor diseñado era, sin duda, la isla del Pacífico que constituía la base operativa de Rescate Internacional. Estaba cuidada hasta en sus menores detalles y provista de una flora que imitaba a la realmente existente en aquellas latitudes. 

Tanto las naves como los personajes se movían con un realismo extremo. Delgados hilos, casi imperceptibles, conseguían un realismo extremadamente detallista. Los movimientos de las naves y de los vehículos se obtenían moviendo los escenarios y mediante un juego de luces y sombras que generaba el efecto pretendido. Los devotos de esta serie tienen tendencia a resaltar sus méritos explicando que Stanley Kubrick recurrió al equipo de efectos especiales de esta serie cuando tuvo que filmar su espectacular 2001 Odisea en el Espacio (1968).

La serie se interrumpió cuando la segunda temporada no consiguió ser vendida en los EEUU. Se trataba de un producto demasiado caro para poderse mantener sin contar con el mercado de aquel país que entonces era determinante para la sostenibilidad de una serie. Ciertamente, Thunderbids economizaba en actores, pero cada episodio requería del concurso de un ingente equipo de efectos especiales que se comía lo esencial del presupuesto. Con el tiempo, la serie se ha convertido en mítica. En 1992 fue repuesta por la BBC y se dispararon las ventas de muñecos y gadgets. 


La serie no es ni mojigata, ni bobalicona: son muñecos y parece adaptada para un público infantil, pero se le muestran destrucciones reales, muertes y asesinatos, catástrofes y violencias. En este sentido, hoy no sería “políticamente correcta”, ni se la consideraría adaptada para nuestros niños de cristal del siglo XXI. Y, sin embargo, no ha perdido nada de su frescura ni de su interés. La serie llamará la atención a adolescentes, pero también (y mucho más especialmente) a los que la vieron en su momento y deseen recordarla. Los sociólogos encontrarán en ella buenos motivos de estudio: sobre cómo se pensaba en los 60 que sería la sociedad futura (la que veremos dentro de 10 años), como se concebía el ocio infantil en aquella época y qué ofrecía la televisión para jóvenes. Aun cuando no fue la única serie de marionetas (sus creadores repitieron la técnica con El capitán Escarlata [1967], Joe 90 [1968]  y tenían una experiencia previa adquirida en Supercar [1961], El capitán Zodíaco y los patrulleros del espacio [1962] o Marina [1964]) y aunque TVE en sus programas infantiles pioneros había utilizado marionetas (Pedrito Corchea, Pepito y las marionetas de Herta Frankel), Thunderbirds, fue la serie que más impacto tuvo entre la audiencia más joven de la época.



Ficha

Título original: Thunderbirds
Título en España: Guardianes del Espacio
Temporadas: 2 (32 episodios)
Duración episodio: 50 minutos
Año: 1964–1966
Temática: Ciencia Ficción
Subgénero: Marionetas
Protagonistas principales: Jeff Tracy, John Tracy, Virgil Tracy, Scott Tracy, Alan Tracy, Gordon Tracy, Grandma Tracy, Lady Penelope, Brainds, The Hood, Kyrano, Tin–Tin Kyrano y las naves Thunderbird (del 1 al 5)
Lo mejor: Lady Penelope.
Lo peor: Creer que sólo era para niños.
Puntuación: 7

¿Cómo verlo?: En tanto que serie de culto puede encontrarse fácilmente en decenas de sitios webs. Puede adquirirse en DVD, en varias colecciones y formatos (está descatalogado, pero se puede encontrar en webs de coleccionismo). Se puede conseguir a través de programas “peer to peer”. Algunos episodios pueden verse en youTube.
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