lunes, 3 de octubre de 2016

Marcella, un cruce de caminos



Reconozco que cuando la panoplia de Netflix nos ofreció esta serie, la tomé por un culebrón, a la vista del nombre. Una, reconozcámoslo, tiene prejuicios ante determinados géneros. Luego, la curiosidad y la falta de series nuevas que ver, me hizo interesarme por ella y lo que encontré fue un producto británico que no llega a la calidad ni a la innovación temática de River (2015), pero tampoco es una catástrofe a lo tercera temporada de Master of Sex (2015). Tiene el aliciente de que ha sido ideada por Hans Rosenfeldt, creador de la serie sueco–danesa Bron/Broen (2011–2015) que tuvo su versión norteamericana en The Bridge (2013–2014), siendo ambas –aunque diferentes– de gran calidad. Fue este detalle el que nos animó a ver Marcella: quien estaba en el origen de una serie genial a, bien podía revalidar este éxito o, al menos, quedarse cerca. Pero el resultado dista mucho de igualar a Bron/Broen.
La serie es bastante clásica en su concepción. Empecemos diciendo que la Marcella que da nombre a la serie es una policía, retirada durante un tiempo, aquejada de ataques de ira y lagunas de memorias en determinadas circunstancias; vuelve al servicio activo para perseguir a un asesino en serie especializado en matar a sus víctimas con bolsas de plástico atadas al cuello con cinta adhesiva. Los crímenes cesaron once años antes, pero ahora han vuelto. Esta primera trama que, inicialmente parece que va a ser la central, se complica porque el marido de Marcella la está engañando con la heredera de una importante empresa del sector inmobiliario. La chica desaparece inmediatamente después de que Marcella se entere de la relación con su marido y decida visitarla. Ésta despierta en su bañera cubierta de sangre y con la consiguiente laguna de memoria. El cadáver de la chica aparece poco después con la consabida bolsa en la cabeza. Marcella, obviamente, no recuerda lo que ha ocurrido. Una tercera trama que gira en torno a una joven prostituta –y, de paso, ladrona– que se exhibe en peep–shows en Internet y en páginas de contactos para casados; la chica resulta asesinada por una de sus clientes–víctimas. El caso es investigado por Marcella. A partir de este planteamiento inicial, las tramas se entrecruzan, se complican, aparecen nuevos elementos y se mantiene una tensión constante.


La sordidez de los ambientes a través de los cuales el guión sigue los pasos del asesino en serie,  contrasta con el ambiente distinguido y el poder económico en el que se mueve el marido de Marcella. Otros personajes aportan matices intermedios: la estudiante que está haciendo un doctorado en criminología y la prostituta con sus clientes. Pero hay que decir que, salvo el personaje de la protagonista, el resto carecen de matices suficientes como para adquirir carta de credibilidad. Para colmo, el guión registra demasiadas situaciones artificiales para conseguir introducir – veces con calzador– todos los elementos que se ha propuesto (incluso la temática gay). Lo principal que se le puede achacar a esta serie es que fuerce demasiado el guión en determinados aspectos (especialmente en el arranque de los personajes y en sus interrelaciones) pero descuide los perfiles psicológicos de la mayoría. El resultado es una serie incompleta. Y recalcamos: incompleta, no mala.

La serie discurre en esa ciudad de ocho millones de almas que es Londres y en donde el paraíso y lo más tórrido del infierno están afincados en vecindarios contiguos. Sin embargo, los lugares más emblemáticos de la capital inglesa están ausentes de los fotogramas. Igualmente, el característico uniforme de los policías británicos pasa desapercibido. Se nota que los productores han querido hacer una serie que no se identifique con ninguna ciudad a efectos de facilitar su exportación y evitar la tentación de realizar adaptaciones nacionales. 


El papel protagonista es asumido por Anna Friel a la que, recientemente habíamos visto en la serie American Odyssey (2015). Yo diría que en el año que medió entre el rodaje de una y otra series cometió el error de recauchutarse el labio superior e incluso hinchar sus pómulos a base de latigazos de botox. Es una actriz suficientemente conocida (y premiada) en la escena inglesa e internacional de la que hace apenas unas semanas protagonizó I.T. (2016) junto a Pierce Brosnan y Stefanie Scott. La Friel, en esta serie, sale airosa del trance y en buena medida el resultado final –aceptable– se debe a su actuación. En general, puede decirse, que en estos momentos, desde 2014 , su carrera está recibiendo ese impulso final que puede convertirla en un actriz de proyección internacional. 

El resto de protagonistas carece de brillo propio y sus personajes aportan pocos matices psicológicos. Se puede decir que han sido troquelados en función del modelo clásico de buenos, malos, policías, bribones, personajes cándidos y futuras víctimas. Quizás uno de los mayores problemas del guión es que el marido de la protagonista resulta ser el personaje más increíble de toda la trama y los problemas familiares de la pareja (con hijos incluidos) no logran intensidad suficiente, ni para ser creíbles ni para capturar la atención del espectador. 

Las localizaciones son discretas, la fotografía correcta, sin alardes, la música pasa desapercibida y el trabajo de dirección y montaje muestra, como suele decirse, oficio, pero no genialidad. La serie puede ser interesante para quienes amen, de partida, el cine británico y los thrillers policíacos. Se trata de un tipo de cine que, por su ubicación geográfica, está a medio camino entre el género negro nórdico y su homólogo norteamericano. Ésta, de todas las series producidas en el Reino Unido en los dos últimos años, es la que nos ha parecido menos británica, con una trama “a la nórdica” y una realización norteamericana. Ya hemos dicho que el producto ha sido concebido, fundamentalmente, para la exportación.


De momento se ha rodado una primera temporada compuesta por ocho episodios que, en general, ha gustado. No ha recibido ninguna mala crítica y, si bien es cierto, que alguna ha sido entusiástica, no está claro si es un publirreportaje más que un juicio objetivo. Inicialmente se proyectó en el canal inglés ITV el pasado 4 de abril y en España puede verse a través de Netflix. Una segunda temporada está prevista para 2017 con la misma protagonista. Quizás donde ha sido acogida con más tibieza es entre el público británico. Y se comprende: no se trata de una trama “arraigada” en la Inglaterra “profunda”, al estilo de Broadchurch o Happy Valley, pero tampoco es una serie que carezca de interés. En realidad, tampoco es mediocre: es, simplemente, buena, pero no lo suficientemente buena como para impresionar. Es más, la calidad está presente, pero a los personajes secundarios les falta un hervor. ¿Vale la pena verla? Sí, siempre y cuando el espectador no se forje falsas esperanzas. 


Diccionario: Panoplia = carátula, indice, portada
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