miércoles, 6 de abril de 2011

El mar era una alfombra sacudida por alguién en el otro extremo del mundo 2.2






El mar era una alfombra sacudida por alguién en el otro extremo del mundo.
La neblina del horizonte daba un toque de misterio desde la orilla. Las olas avanzaban como si debajo hubieran ballenas nadando. Las olas se movían igual que the people dancing on the street al estilo flash mob.
Descubrí lo frágil que es el tiempo de nuestra existencia. Unas pisadas, unas huellas en la arena no existen entre ola y ola. Así es nuestra historia. !Cómo no vivirla intensamente!. Dicen que el agua es el elemento más poderoso para moldear una piedra. Aunque según una leyenda budista solo es necesario un pañuelo de seda. Seguiré inspirandome en el mar y trataré de aprender su lenguaje.
La soledad elegida es la gratificación que estaba esperando. Creo que me estaba preparando para este reto. Si si! pensandolo bien estos últimos 6 años, en que fuí invitada por mi marido a vivir en Cañada en medio de la nada, concretamente en un campo cuya parada de tren rozaba el desierto... ha sido una experiencia de una etapa muy dífícil pero reconfortante, como las serpientes cuando cambian la piel. Fue una invitación a tener tiempo para lavar nuestro pasado, nuestra historia. Conversaciones pendientes que nunca existieron... poder oirlas. No habían testigos a los que pudíeramos hacer daño. Y llegó la Paz y se dice pronto. Renacimos a un principio atractivamente desconocido.
Todo lo que voy siendo, lo que voy teniendo es producto de una imagen. Los sueños, mis sueños son películas, fotogramas de impactos de luz, aire, sonidos, emociones.
Existe la pregunta: ¿qué quieres ser de mayor?. Para mi esa pregunta, es cerrar los ojos y ver la película de... !que quiero ser Hoy!. Soñé con una casa, vivir sola, luz, mar, música y tiempo para aprender. Voilá!. Aunque una casa es también para recibir, pero para recibir debo observarme, aprender a retarme y afrontar con mucha energía los nuevos desafíos que están por llegar. En fin toda una aventura.
Esta soledad es la búsqueda del sonido primigenio del mundo y el mio.
Volver a Barcelona ha sido revelador, sólo he conseguido estar unos meses. Cada vez tengo la convicción de que es una ciudad con infinitas posibilidades para bien o para mal, a la que hay que acudir puntualmente para después, salir cortando. La gente recibe muchos imputs de vibración acústica que les hace estar moviendose en todas las direcciones, sin pretenderlo, sin ser conscientes de la suma de energía contaminada que respiran al cabo del día. ¿Cómo es posible que haya tanto coche circulando por el centro de Barcelona, dada la famosa Crisis diseñada desde los laboratorios de la corrupción?. ¿Qué tiene que ocurrir para que Barcelona cambia de piel? ¿Qué hecho traumático debe ocurrir, para despertar a cambios de hábitos saludables?
Mi gran descubrimiento es que en Barcelona no se oyen hablar a los árboles. Mi gran descubrimiento es haber aprendido a oir las hojas mecidas por el viento, por el calor, por la tormenta. Todos nos hablan de que estamos en el Universo.
La soledad como búsqueda de austeridad de estímulos irritantes, que confunden los sentidos. En ese trabajo estoy. Y gracias a este momento, estoy guiñandole un ojo a la espiritualidad, bueno, como se lo haría a un hombre sexy.
Ahora se que tengo los sentidos despiertos y con ganas de sumar, sumar... de aprender, aprender.
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