martes, 13 de mayo de 2008

3. Cap. Cuando las enfermedades tienen género


Enfermedades mentales
Otro ejemplo que ilustra la complejidad del tema es el de las enfermedades mentales.
Parece haber una razón genética que hace que las mujeres sean más proclives a este tipo de afecciones. Aunque también podría deberse a los cambios hormonales que experimenta. Y en último lugar, las cargas sociales que soporta la mujer pueden traducirse en un índice más alto de estas afecciones. “En los ataques de pánico y las crisis de ansiedad, la proporción es de 100 hombres por 240 mujeres. Cuando hay un porcentaje tan alto, no se puede atribuir únicamente a razones sociales o de aprendizaje.
Creo que en este tema las hormonas tienen mucho que decir”, apunta Antonio Cano, presidente de la Sociedad para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés.
Durante muchos años, las enfermedades mentales se han convertido en el cajón de sastre donde se colocaban todas las patologías que padecían las mujeres. Por ejemplo, la fibromialgia, que a grandes rasgos produce dolor y cansancio y que afecta mayoritariamente al sexo femenino, se consideraba en otros tiempos poco menos que un síntoma de histeria. La lista de dolencias femeninas que han entrado en este saco es larga, y poco a poco la medicina las va colocando en el lugar que les corresponde.
En la actualidad, saber que una mujer tiene más posibilidades de padecer este tipo de afecciones provoca que a menudo se les dé tratamiento sin analizar las causas. “Los diagnósticos de ansiedad y depresión son muy rápidos y a veces no resultan acertados.
Lo más habitual es que si una mujer acude al médico con algún síntoma, este le recete un psicofármaco. El problema es que igual su cansancio o su estado de ánimo son manifestaciones de otra afección: desde falta de hierro, hasta un problema de tiroides o una situación de estrés”, comenta Valls.
Pensar que esta enfermedad es femenina no favorece a los varones. “Hay muchos hombres que cuando tienen ansiedad, creen que están enfermos. Si les dices que sus síntomas tienen algo de psicológico, te dicen: ‘Yo no estoy loco’. Además, a los hombres les cuesta mucho más ir al médico”, constata Cano. Según sugiere Valls, “muchos padecen infartos que tal vez podrían evitarse si se hubieran tomado un fármaco para controlar la ansiedad”.
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