jueves, 8 de mayo de 2008

2. Cap. Cuando las enfermedades tiene género

Corazón de mujer

El caso más paradigmático es el de las enfermedades cardiovasculares. Son la causa más importante de mortalidad en nuestro país. En el 2005, según el Instituto Nacional de Estadística, 57.723 hombres y 69.139 mujeres perdieron la vida por culpa de una dolencia cardiovascular. Pese a que la mayoría son mujeres, el inconsciente colectivo sigue pensando que esta enfermedad es eminentemente masculina.

Las mujeres detectan más tarde esta afección porque los síntomas femeninos son diferentes a los del varón, que son los que se han difundido. Un ejemplo muy claro son las señales de alarma de un infarto “Los síntomas más conocidos son dolor en el tórax, irradiado a cuello y brazo izquierdo. Sin embargo, las mujeres pueden compartirlos o no, pero presentan en mayor frecuencia dolor localizado en espalda, entre las dos escápulas, en la mandíbula y la aparición de náuseas y trastorno digestivo”, explica la doctora Milagros Pedreira, presidenta del Grupo de Trabajo de Enfermedades Cardiovasculares en la Mujer de la Sociedad Española de Cardiología.

Cuando una mujer padece un infarto de miocardio, sus síntomas pueden ser poco específicos: fatiga, falta de aire, mareos… “Esto puede dificultar el diagnóstico correcto y por lo tanto retrasar el tratamiento adecuado. La mortalidad coronaria masculina ha disminuido por los grandes avances terapéuticos. Sin embargo, las mujeres aún no se han subido a este tren, y no se ha evidenciado un descenso de la mortalidad”, advierte Pedreira.

Otro ejemplo remarcable es el de la aspirina, que se ha declarado eficaz en la prevención del infarto de miocardio y su posterior tratamiento. Varios estudios demostraron que esta regla no podía aplicarse a ambos sexos y que tenía efectos secundarios adversos para el femenino. Según la doctora Carme Valls, directora del Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS), y autora del libro Mujeres invisibles, “mientras que en los hombres tomar aspirinas en dosis bajas puede prevenir un 32% de los infartos de miocardio, su utilización entre las mujeres no ha sido significativa y ha incrementado las hemorragias gastrointestinales. Es interesante señalar que las mujeres mayores de 65 años sí han demostrado efectos preventivos en el infarto de miocardio y de los infartos cerebrales isquémicos, conocidos como embolias”.

La razón principal por la que los síntomas masculinos de la enfermedad cardiovascular son más conocidos que los de las mujeres es que los estudios se realizaron con hombres. Menos del 30% de los participantes eran mujeres. “La medicina, como todas las ciencias, ha discriminado a las mujeres, porque nace como una reflexión del mundo masculino en una época en la que sólo los hombres accedían a la universidad. Se consideraba que hombres y mujeres eran iguales y, por tanto, con estudiar a los varones ya había suficiente”, señala la doctora Valls.

El acceso de la mujer a la medicina obró algunos cambios. Tal vez arranca en los noventa, de la mano de investigadoras que habían tenido acceso a una formación académica. Sin embargo, aunque cierto machismo inconsciente puede ser la primera razón para atribuir este sesgo, podrían existir otras razones. Según el doctor Palacios, hay otros tres factores que tener en cuenta. Uno es el fiasco del estudio de la Talidomida. En 1950 se experimentó con este fármaco, que trataba la ansiedad, el insomnio y, en las mujeres embarazadas, los vómitos y las náuseas. A principios de los años 60, se tuvo que retirar del mercado, porque se constató que producía malformaciones fetales. Se cree que más de 10.000 bebés resultaron afectados. Esto, según Palacios, provocó que se frenaran los estudios con mujeres en edad fértil.

Además, ha influido que los investigadores tuvieran problemas para analizar los datos, que variaban dependiendo del momento del ciclo menstrual en el que se encontraba la mujer. Por eso les era más fácil recurrir a los hombres, que, para la ciencia, eran más estables. Por último, también contribuyó a la marginación de la mujer su esperanza de vida, más alta que la masculina, por lo que se consideró prioritario al hombre. Lo que entonces no se tuvo en cuenta es que, pese a que la mujer vive más, su calidad de vida suele ser inferior.

Así las cosas, a partir de la década de los 90 se empieza a tener en cuenta las diferencias de sexo. Pero a fecha de hoy, únicamente se puede constatar tímidos avances en la diferenciación por géneros. “En las facultades anglosajonas se incluyen programas de estudio que tienen en cuenta la diferencia de género. En España sólo hay asignaturas optativas. Y en la de cardiología se siguen estudiando los síntomas masculinos”, comenta Valls.

Los investigadores que se ocupan del tema tratan de encontrar la piedra de Rosetta de la diferenciación de géneros. “La gran pregunta sigue siendo por qué. Es una cuestión compleja e interesante, y desentrañarla nos permitiría tener tratamientos específicos para hombre y mujeres. Pero hasta el momento no se sabe en qué proporción influyen la genética, las hormonas o los factores sociales”, comenta Palacios. Y parece que la comunidad médica sigue estancada en la resolución de ese porqué para conseguir un cómo tratarnos.

“De todos modos, lo más importante es hacer un buen diagnóstico. Si en vez de dar un ansiolítico, el médico llega a la conclusión de que la mujer tiene carencia de hierro o debe acudir a un psicólogo, habremos ganado mucho. Aunque cabe la posibilidad de que el fármaco que recete se metabolice diferente en la mujer, porque no se la ha incluido en los estudios”, explica Valls

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