lunes, 25 de agosto de 2025

Los relatos de Kabe (La pared, 1951) de Kōbō Abe

 

Los relatos de Kabe (La pared, 1951)


Los relatos de Kabe (La pared, 1951) Son cuentos breves, pero contienen auténticos laboratorios de ideas existenciales y políticas de Abe. 


1. Historia de las pulgas que viajaron a la Luna (1951) 

Un cuento alegórico donde unas pulgas sueñan con conquistar la Luna.

Ideas clave:

  1. La ambición desmesurada → incluso los seres más diminutos pueden soñar con proyectos grandiosos; es una sátira de la megalomanía humana.
  2. El absurdo de la escala → la desproporción entre las pulgas y la Luna muestra la ironía de la desmesura tecnológica y política.
  3. El viaje como ilusión → la Luna funciona como utopía, pero el esfuerzo por alcanzarla revela la fragilidad de las aspiraciones colectivas.
  4. Crítica velada al imperialismo japonés → Abe vivió en Manchuria; las pulgas que quieren conquistar un territorio extraño remiten a la colonización absurda.
  5. La condición kafkiana → seres ínfimos atrapados en un proyecto desmesurado, metáfora de la alienación en sociedades que arrastran a los individuos.

"Historia de las pulgas que viajaron a la Luna” (1951), aunque parece un relato absurdo y fábula ligera, tiene un trasfondo que dialoga con el contexto de la Guerra Fría y con la situación de Japón en esos años.


Pulgas en la Luna y la Guerra Fría

Fecha clave: 1951

  • Japón todavía estaba bajo ocupación estadounidense (hasta 1952).
  • El mundo ya se dividía en dos bloques: EE. UU. vs. URSS.
  • La carrera espacial aún no había comenzado oficialmente (el Sputnik es de 1957), pero la luna ya era un símbolo geopolítico.

La Luna como territorio de conquista

  • Que unas pulgas minúsculas aspiren a la Luna recuerda al deseo desproporcionado de las potencias de conquistar lo inalcanzable.
  • Es una sátira: el afán humano por dominar territorios celestes mientras ni siquiera resuelve los problemas en la Tierra.

La metáfora de la desproporción

  • Las pulgas, seres diminutos, representan a la humanidad vista en perspectiva cósmica.
  • Ir a la Luna en ese contexto se lee como megalomanía tecnológica, muy en sintonía con el espíritu de la Guerra Fría.

Crítica implícita al imperialismo

  • Abe había vivido en Manchuria: sabía lo que era un imperio japonés tratando de ocupar territorios absurdamente lejanos.
  • La conquista lunar de las pulgas refleja ese mismo impulso expansionista, ahora trasladado a la esfera mundial.
  • En clave de Guerra Fría: el cuento ironiza sobre el nacionalismo tecnológico y las competencias absurdas de las potencias.

Reflexión universal

  • Más allá de Japón, el cuento señala que el poder —sea un imperio militar o tecnológico— siempre busca “la Luna” como símbolo de prestigio.
  • El absurdo radica en que los más pequeños (pulgas, humanos, naciones) creen poder apropiarse de lo infinito.
  • En este sentido, Abe anticipa la crítica al sinsentido de la carrera espacial, que en los 60 sería un espectáculo de rivalidad entre EE. UU. y la URSS.

Es una alegoría temprana de la Guerra Fría: las pulgas que viajan a la Luna representan el delirio de conquista de las superpotencias, una carrera desproporcionada que ignora la fragilidad real de quienes la emprenden. Para Abe, la Luna es la metáfora del sueño imperial moderno, sea militar o tecnológico, que se vuelve absurdo y alienante.



2. El huevo de plomo,  El Dictador

Un cuento donde aparece un dictador convertido en un huevo de plomo.

Ideas clave:

  1. El dictador como objeto grotesco → el poder reducido a un huevo pesado, inútil y sin vida: caricatura del autoritarismo.
  2. El plomo como metáfora → densidad, opresión, veneno: el peso muerto de la tiranía.
  3. La paradoja del huevo → en vez de simbolizar vida y nacimiento, es estéril, metálico: el poder absoluto esteriliza la sociedad.
  4. Crítica política → Abe proyecta aquí su desencanto con los totalitarismos (militarismo japonés, pero también el comunismo que conocía).
  5. Deshumanización del poder → el dictador ya no es persona, sino cosa: el poder convierte al hombre en un objeto sin alma.


En el cuento “El huevo de plomo, el Dictador”, el dictador exige eliminar el sonido. Veamos lo que significa:


El Dictador y la supresión del sonido

  1. Silencio como control absoluto
    • Si se elimina el sonido, se elimina también la posibilidad de comunicación, protesta o diálogo.
    • El aire, que es lo que todos comparten, se convierte en un instrumento de poder.
  2. Aire vigilado
    • El dictador pretende controlar no solo los cuerpos, sino incluso el medio invisible que une a los cuerpos: el aire, la vibración sonora.
    • Es un paso más allá del autoritarismo: ya no basta con dominar territorios, se quiere dominar el espacio vital intangible.
  3. La paradoja del poder total
    • Al pedir un mundo sin sonido, el dictador destruye las condiciones mismas de la vida social.
    • Es una metáfora de cómo el poder absoluto, en su afán de control, termina anulando lo que lo sostiene (la sociedad, la comunicación).
  4. El plomo como símbolo añadido
    • El huevo de plomo, ya estéril y pesado, representa un poder que solo produce silencio, inmovilidad, muerte.
    • En vez de fecundar, encierra y sofoca.
  5. Crítica a los totalitarismos
    • Aquí Abe refleja tanto la herencia del militarismo japonés como sus decepciones con el comunismo: cualquier poder que aspire a controlar incluso el aire y la voz humana es un poder monstruoso.

La solicitud del dictador de eliminar el sonido significa que el aire —lo más libre e intangible— se transforma en una herramienta de control absoluto. Abe lo lleva al extremo para mostrar la absurdidad destructiva del poder totalitario: al quererlo todo, mata la vida misma.


Comparación simbólica entre “El huevo de plomo, el dictador” de Kobo Abe  y 1984 de George Orwell, donde también el control del lenguaje y la voz son la esencia de la dominación? Verás cómo, aunque en contextos diferentes (Japón posguerra y Europa posguerra), los dos autores apuntan al mismo núcleo: el poder totalitario que quiere controlar incluso lo invisible.


Control del sonido (Abe) vs. control del lenguaje (Orwell)

  • Abe: el dictador pide eliminar el sonido mismo: el aire, las vibraciones, lo que hace posible la comunicación.
  • Orwell: el Partido crea la neo-lengua para restringir las palabras y, con ellas, la posibilidad de pensar libremente.
  • Ambos muestran que el poder absoluto no se conforma con gobernar cuerpos y territorios: necesita controlar los medios invisibles de la comunicación.

Aire y palabra como espacios de libertad

  • Abe: el aire es lo más compartido, lo que no se puede poseer; por eso el dictador lo quiere silenciar.
  • Orwell: la palabra libre es la semilla de la disidencia; por eso el Partido mutila el lenguaje.
  • En los dos, lo que parece natural y libre (respirar, hablar) se vuelve campo de batalla del poder.

Deshumanización

  • Abe: el dictador ya no es humano, es un huevo de plomo: objeto pesado, inútil, metálico.
  • Orwell: el Partido es una máquina impersonal, encarnada en “Gran Hermano”, un rostro omnipresente pero sin interioridad.
  • En ambos, el poder absoluto es inhumano y estéril, incapaz de crear vida, solo de reprimirla.

El absurdo del poder total

  • Abe: si se elimina el sonido, se elimina también la vida social; el poder mata el aire que lo alimenta.
  • Orwell: al reducir la lengua a la neo-lengua, el Partido anula incluso la posibilidad de pensar en libertad.
  • Ambos denuncian la paradoja del totalitarismo: al querer un control perfecto, termina por destruir las condiciones de su propia existencia.

Universalidad del miedo

  • Abe: lo escribe desde el Japón de los 50 (1950), donde el recuerdo del militarismo y la vigilancia política estaba aún  fresco.
  • Orwell: escrito desde la Europa de posguerra, con la sombra del nazismo y del estalinismo.
    Distintos contextos, mismo mensaje: el miedo al poder que invade incluso lo invisible, lo íntimo, lo inmaterial.

Kobo Abe y Orwell coinciden en que la verdadera pesadilla del poder no es solo la represión externa, sino el intento de controlar el aire y el lenguaje, los elementos invisibles que hacen posible al ser humano. En Abe, el dictador quiere silenciar el aire; en Orwell, el Partido mutila la lengua. En ambos, la consecuencia es la misma: la asfixia de la identidad y la anulación de la libertad.


3. Encuentros secretos

Relato inquietante sobre encuentros clandestinos, donde el secreto y lo prohibido marcan la acción.

Ideas clave:

  1. La clandestinidad como metáfora → lo que se hace en la sombra refleja lo reprimido de la sociedad japonesa de posguerra.
  2. La identidad fragmentada → en los encuentros secretos, los personajes se despojan de su yo público y se ponen otra “máscara”.
  3. Erotismo y vigilancia → lo oculto puede ser tanto deseo como miedo; Abe juega con la tensión entre atracción y control social.
  4. El secreto como verdad → lo esencial del ser humano no está en lo visible, sino en lo que se esconde; la identidad auténtica aparece en la sombra.
  5. Crítica social → los “encuentros secretos” funcionan como metáfora de la hipocresía: todos aparentan una identidad pública mientras ocultan otra privada.

“Encuentros secretos” y la sexualidad en Abe


Encuentros secretos no describe una “sexualidad perversa” en sentido clínico, sino que usa la clandestinidad erótica como símbolo de la represión social y de la doble moral japonesa de posguerra. Lo perverso no es el deseo en sí, sino el hecho de que deba vivirse escondido, lo que lo deforma y lo vuelve inquietante.


El contexto literario y social (Japón, posguerra inmediata)

  • En 1951 Japón aún estaba bajo ocupación estadounidense (hasta 1952).
  • La sociedad vivía un choque entre valores tradicionales (confucianos, patriarcales) y nuevas libertades que empezaban a filtrarse.
  • Hablar de sexualidad en clave abierta era tabú, por eso muchos autores recurrían a alegorías, metáforas o atmósferas extrañas.

El secreto como metáfora del deseo reprimido

  • En el cuento, los “encuentros secretos” no son necesariamente solo sexuales, sino todo aquello que la sociedad reprime y se hace a escondidas.
  • Pero Abe juega con la ambigüedad: la clandestinidad evoca de inmediato lo erótico, lo prohibido, lo pervertido.

¿Sexualidad perversa o sexualidad liberada?

  • Para Abe, lo perverso no está tanto en el acto sexual, sino en el hecho de que deba vivirse en sombra, hipocresía, represión.
  • Lo “perverso” es la doble moral: una sociedad que finge pureza mientras tolera (o incluso fomenta) espacios secretos para desahogar lo prohibido.
  • Así, el cuento refleja la tensión entre el deseo humano auténtico y el control social que lo vuelve clandestino.

Erotismo y vigilancia

  • Los encuentros están rodeados de miradas, sospechas, amenazas: Abe parece sugerir que en Japón incluso la intimidad es vigilada.
  • Esta vigilancia produce una sexualidad torcida: no fluida ni natural, sino marcada por la culpa, el miedo y el secreto.

Reflexión existencial

  • Más que describir una “perversión” concreta, Abe muestra cómo la sexualidad se convierte en un campo de alienación:
    • lo que debería ser unión se convierte en clandestinidad,
    • lo que debería ser libre se convierte en máscara,
    • lo íntimo termina siendo otra forma de aislamiento.

Comparación entre “Encuentros secretos” de Abe y el tratamiento de la sexualidad clandestina en Kafka tanto en sus diarios como en su relato “En la colonia penitenciaria”.


Encuentros secretos (Abe) vs. Kafka y la sexualidad clandestina

El espacio del secreto

  • Abe: los encuentros son clandestinos porque la sociedad japonesa de posguerra reprime el deseo. Lo que debería ser natural (la intimidad) se convierte en un territorio prohibido.
  • Kafka: en sus diarios, la sexualidad aparece marcada por la culpa, la vergüenza y la ocultación; el encuentro sexual (a menudo en burdeles) es clandestino porque no se integra con la vida pública “respetable”.
    Ambos coinciden en que el secreto sexual nace de la represión social y cultural, no de la esencia del deseo.

Deseo y culpa

  • Abe: lo perverso no es el deseo en sí, sino que la sociedad lo obligue a vivirse en las sombras, deformándolo.
  • Kafka: el deseo está inseparablemente ligado a la culpa existencial; incluso cuando se satisface, deja un rastro de angustia y autoacusación.
    Abe mira el problema como alienación social; Kafka lo interioriza como drama existencial.

Erotismo y violencia

  • Abe: en Encuentros secretos lo erótico está atravesado por vigilancia y amenaza, como si el deseo fuese observado desde fuera, controlado.
  • Kafka: en En la colonia penitenciaria, el deseo no aparece sexualizado, pero sí el vínculo entre cuerpo, castigo y escritura, que convierte la intimidad corporal en violencia institucionalizada.
    Ambos asocian lo corporal con el control: Abe alude al control social del deseo, Kafka al castigo inscrito en la carne.

Lo clandestino como verdad

  • Abe: lo esencial del ser humano emerge en lo secreto, en lo que se oculta de la mirada pública.
  • Kafka: la verdad del individuo se revela en sus contradicciones íntimas, en lo que no puede confesar: sus miedos, sus deseos, sus culpas.
    👉 Los dos entienden que la verdad no está en lo visible, sino en lo escondido, aunque con matices culturales distintos.

Diferencias de fondo

  • Abe: pone el acento en la hipocresía social: la represión genera sexualidades torcidas porque el deseo se vive a escondidas.
  • Kafka: centra la atención en la culpa interiorizada: incluso sin prohibición externa, el deseo ya lleva la semilla de la angustia.
    Abe es más sociológico y político, Kafka más psicológico y teológico.


Encuentros secretos de Abe y los textos de Kafka coinciden en ver la sexualidad clandestina como un lugar de verdad oculta y de incomodidad existencial. Pero mientras Abe denuncia la alienación social que convierte el deseo en perversión por represión, Kafka muestra la culpa íntima que deforma el deseo desde dentro. Es decir: Abe ve el problema en la máscara social, Kafka en el laberinto interior.


Estos tres relatos de Kabe (Historia de las pulgas que viajaron a la Luna, El huevo de plomo: El Dictador y Encuentros Secretos), muestran los grandes temas de Abe: la alienación, la máscara social, la desmesura de los sueños colectivos, la crítica al poder y la fragilidad de la identidad. 


Cada cuento es un micro-laboratorio de lo que después desarrollará en novelas como La mujer de la arena o El rostro ajeno, hasta la culminación en El hombre caja. Un viaje literario donde Abe va cerrando el círculo de sus obsesiones: identidad, alienación, poder y máscara.



El hombre caja (Hako otoko, 1973) 


De hecho, esa novela es quizá la cristalización más radical de varias ideas ya esbozadas en esos relatos. Aquí va el puente, en 5 trazos:

  1. De la máscara a la caja (borrado del yo)
    • Si en El rostro ajeno la máscara sustituye la cara, en El hombre caja la caja envuelve todo el cuerpo: ya no se oculta el rostro, se borra la persona. Es la versión extrema de la “máscara social” de Kabe.
  2. Cosificación y poder
    • El huevo de plomo: el dictador reduce al tirano a objeto. En El hombre caja, el propio sujeto elige convertirse en objeto (un “envase”). Abe invierte la tiranía: no es el poder quien te cosifica, te cosificas para escapar del poder… y pagas con tu identidad.
  3. Vigilancia, clandestinidad y mirada
    • Encuentros secretos explora el deseo bajo vigilancia. La caja funciona como cámara oscura: mirar sin ser visto, voyerismo, control de la mirada. Libertad ambigua: dominas la visión, pero te condenas al aislamiento.
  4. La “pared” portátil (Kabe → Caja)
    • Kabe es “la pared” que te separa del mundo. La caja es una pared ambulante: llevas tu frontera contigo. Y la escritura del “manual/cuaderno” en El hombre caja muestra que el relato fabrica (o deshace) la identidad: narrador poco fiable, yo performativo.
  5. Crítica a la modernidad urbana y al consumo
    • Las “pulgas que van a la Luna” ridiculizan la grandilocuencia tecnológica. En El hombre caja, la caja de cartón (embalaje/mercancía) denuncia una ciudad que envuelve, etiqueta e invisibiliza cuerpos. La retirada es protesta… y también derrota.

Con esto, la frase queda ajustada: aquellos tres relatos de Kabe anticipan la alienación, la máscara social, la desmesura y la fragilidad del yo que Abe desarrollará no solo en La mujer de la arena y El rostro ajeno, sino también —y de forma radical— en El hombre caja.

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