Hay biopics que huelen a champán derramado y humo de club de jazz, y otros que huelen… a barniz recién pintado. Monsieur Aznavour pertenece a los segundos: pulida, brillante, y tan empeñada en no mancharse los zapatos que casi parece hecha para proyectarse en una boda armenia de altos vuelos.
Tahar Rahim, ese actor que en Un prophète nos cortó la respiración, aquí se mete en los zapatos (o más bien en las alzas) de Charles Aznavour. Pero por mucho maquillaje y prótesis que le plantan, el espejismo no cuaja: vemos a Rahim “disfrazado de Aznavour” y no a Aznavour habitando el cuerpo de Rahim. Ni el nervio, ni ese desparpajo casi insolente, ni los gestos diminutos que hacían de Aznavour un gigante a 1,60.
Los directores se recrean en las raíces armenias del cantante como si quisieran tallar un manual de identidad cultural para secundaria, pero se olvidan de exaltar a ese Aznavour que Francia convirtió en patrimonio nacional, ese al que los franceses reclamaron como suyo —porque Francia no adopta, absorbe—. Aquí, la “francesidad” queda en segundo plano, como si temieran pisar huevos.
El guion es amable, tanto que da caries. Todo está planchado: los excesos, los amores, las sombras. El Aznavour que sale en pantalla parece vivir en un mundo donde nunca hubo contradicciones ni aristas. Y todos sabemos que los grandes artistas no son inmaculados… son interesantes porque están llenos de grietas.
¿Lo mejor? Una Edith Piaf deliciosa, casi robando la película, y una ambientación de época que merece copa de champán. ¿Lo peor? Que sales del cine tarareando “La Bohème” con nostalgia, pero sin sentir que hayas conocido un ápice más al hombre detrás del mito.
Veredicto final: Monsieur Aznavour es como un álbum de fotos retocadas: bonito de ver, perfectamente colgado en la pared… pero sin una sola arruga, ni una gota de verdad que incomode.
Tengo la impresión de que coincide con algo que suele pasar con los biopics: cuando el retratado es una figura icónica, las expectativas son altísimas, y la película queda en deuda si el retrato no tiene el nervio, el desparpajo y, sobre todo, las grietas que lo hicieron humano.
El guion es bastante “tramposo” y tiene sentido: parece que los directores Mehdi Idir y Grand Corps Malade han optado por un relato “pulcro”, casi hagiográfico, en lugar de atreverse con los claroscuros (sus adicciones, sus relaciones complejas, sus contradicciones políticas o personales). Este tipo de “biografía planchada” suele dejar la sensación de película promocional más que de exploración profunda.
‘Monsieur Aznavour’ pule tanto la vida del mito que casi lo convierte en una figurita de Lladró: preciosa, carísima… y sin alma.
Dicho y repetido... por si no ha quedado claro.
Vamos con una canción que yo desconocía: Hay una historia muy interesante detrás de “Comme ils disent” que sale en el biopic.
La canción:
Fue compuesta e interpretada por Charles Aznavour en 1972 y es una de las primeras grandes canciones en la chanson francesa que habla en primera persona de la experiencia de un hombre homosexual. La letra dice “Je suis comme ils disent” (“Soy como dicen”), y describe a un decorador que vive solo, cuida de su madre, frecuenta bares gays y soporta la hipocresía y los prejuicios de la sociedad.
Por qué fue un gesto valiente:
En los 70, en Francia, la homosexualidad no era todavía algo que se cantara abiertamente en prime time. Aznavour, con la carrera ya consolidada, se permitió ese salto: dar voz a un personaje gay sin burla ni caricatura, con empatía y dignidad. No hay condescendencia, ni “tono de parodia” que era tan habitual entonces. Eso lo convirtió en una canción pionera y muy respetada en la comunidad LGTBI.
¿Y era Aznavour gay?
No. Siempre se identificó como heterosexual, con múltiples parejas femeninas y tres matrimonios. Pero él explicó en varias entrevistas que quería contar historias humanas más allá de su propia biografía. Y que le parecía una injusticia que el mundo de la chanson evitara temas como la homosexualidad, como si no existieran. En una entrevista de 1973, dijo: “Quería escribir sobre lo que veía y oía. Muchos de mis amigos eran homosexuales y vivían en silencio. La canción es para ellos.”
Curiosidad final: Aznavour siempre dijo que “Comme ils disent” era de sus canciones más importantes, y la defendió hasta el final de su vida. Incluso contó que le trajo críticas de sectores conservadores, pero nunca la retiró de sus conciertos.


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