viernes, 9 de mayo de 2025

PRESUNCIÓN DE INOCENCIA (LE FIL) de DANIEL AUTEUIL

Presunción de inocencia (Le Fil, 2024)

  • Dirección: Daniel Auteuil
  • Guion: Daniel Auteuil y Steven Mitz, basado en el libro Le Livre de Maître Mô de Jean-Yves Moyart
  • Reparto: Daniel Auteuil, Grégory Gadebois, Sidse Babett Knudsen, Benjamin Lavernhe
  • País: Francia
  • Género: Drama judicial
  • Duración: 112 minutos
  • Estreno en España: 9 de mayo de 2025

Sinopsis

Jean Monier, un abogado veterano que abandonó los tribunales tras haber logrado la absolución de un asesino reincidente, se ve arrastrado de nuevo a la acción cuando decide defender a Nicolas Milik, acusado de haber matado a su esposa. Aparentemente un hombre tranquilo, buen padre y esposo ejemplar, Milik despierta en Monier una necesidad de redención profesional y personal. El proceso judicial será tan introspectivo como técnico, y pondrá a prueba tanto el sistema como las emociones de sus protagonistas.

Esta película, estrenada hoy en los cines de España, marca el regreso de Daniel Auteuil como director y protagonista, en una obra que adapta relatos del abogado Jean-Yves Moyart, conocido como Maître Mô.


Comentarios a la película 

La historia sigue a Jean Monier (interpretado por Auteuil), un abogado que, tras años alejado de los tribunales por un error judicial pasado, decide defender a Nicolas Milik (Grégory Gadebois), acusado de asesinar a su esposa. Convencido de su inocencia, Monier se enfrenta a un caso que desafía sus propias convicciones y lo obliga a redescubrir su vocación.


Una tradición cinematográfica: la justicia como espectáculo reflexivo

La película se inscribe de lleno en esa tradición tan francesa del cine judicial donde el juicio no es simplemente un mecanismo narrativo, sino un teatro filosófico y moral. Como ya vimos en Anatomie d’une chute (Triet, 2023) o Les choses humaines (Attal, 2021), el proceso penal se convierte en el espacio donde se desnudan no solo hechos, sino ideologías, afectos y estructuras sociales. En este sentido, el cine francés prefiere, antes que una sentencia, un buen debate moral: más que resolver, busca incomodar.


¿En la vida real se invierte tanto tiempo y tantos recursos en los juicios franceses como muestra el cine? Tal vez no. Pero lo importante no es la exactitud, sino la fascinación cultural por el verbo, el discurso y la disección del alma humana a través de la palabra.


A pesar de ello, Presunción de inocencia ofrece una mirada introspectiva al mundo legal, destacando la importancia de la responsabilidad individual y la búsqueda de la verdad. La dirección de Auteuil y su interpretación aportan profundidad a una historia que invita a la reflexión sobre la justicia y la moralidad.


Si te interesan los dramas judiciales que van más allá del simple veredicto y exploran las emociones y dilemas de sus personajes, esta película puede ser una opción valiosa para tí. 


El personaje de Jean Monier es uno de los núcleos más interesantes de Presunción de inocencia. Su viaje no es sólo judicial, sino profundamente emocional: lo mueve una mezcla de culpa no resuelta y necesidad de redención. El guion lo plantea casi como un antihéroe quijotesco que, tras haber fallado estrepitosamente, busca una segunda oportunidad para reconciliarse con su propia conciencia.


El vínculo que establece con Nicolas Milik no es sólo profesional: es la oportunidad para convencerse de que todavía puede discernir entre culpabilidad e inocencia, y que no está definitivamente roto como abogado ni como hombre. Aunque su comportamiento tiene trazos del “síndrome del Salvador”: se aferra casi infantilmente a la idea de redimir a alguien para redimirse él mismo. La presión de su entorno –sobre todo su esposa, que representa el juicio moral interno– potencia esa tensión.


Otro aspecto fascinante: la ambigüedad moral y psicológica de Nicolas Milik. Que se presente como un hombre tranquilo, buen padre y esposo ejemplar, y sin embargo esté acusado de un crimen brutal, introduce un inquietante dilema ético: ¿cuánto conocemos realmente a los que nos rodean? ¿Y cuánto está el espectador dispuesto a confiar en la apariencia?


La película juega con esa dualidad de forma muy eficaz, sembrando dudas constantes. ¿Es Milik un asesino frío que simula humanidad, o es víctima de un sistema que necesita culpables claros? La ambigüedad que mantiene el guion hasta el final es muy efectiva para mantener la tensión moral.


Ya se sabe que el cine francés contemporáneo: su amor casi obsesivo por el ritual del juicio como espectáculo dramático e intelectual. Le fascina más un buen duelo de alegatos que una persecución o una resolución rápida. La sala del tribunal se convierte en un teatro donde los personajes se desnudan psicológicamente más que jurídicamente, y Presunción de inocencia se inscribe perfectamente en esa tradición.


Películas como L'Hermine de Christian Vincent, La Vérité de Henri-Georges Clouzot, o más recientemente Saint Omer de Alice Diop, exploran cómo la justicia en Francia no es solo un procedimiento, sino un terreno donde se enfrentan discursos morales, filosóficos y sociales. En muchos de estos filmes, lo que importa no es tanto quién lo hizo, sino cómo se construye la verdad, y eso, claro, requiere tiempo, recursos y una teatralidad muy francesa.


En la realidad, los juicios franceses —especialmente los de Cour d’assises, que tratan crímenes graves— sí pueden ser largos y cargados de ritual, con jurados ciudadanos y una puesta en escena formalista que se presta muy bien al cine. Pero, como en todo, hay algo de exageración artística. El cine judicial francés no refleja tanto la justicia real como la fascinación nacional por el lenguaje, la argumentación y la idea de que la verdad es una construcción delicada.


Dos ejemplos clarísimos de cómo el cine francés convierte el juicio en una arena de tensiones morales, filosóficas y afectivas:

  • En Anatomie d’une chute (2023), Justine Triet construye una intriga judicial que es también una demolición del matrimonio y de la percepción de la verdad, con el juicio como espejo deformante de las relaciones personales.
  • En Les Choses humaines (2021), Yvan Attal adapta la novela de Karine Tuil para explorar el consentimiento, el privilegio y el juicio mediático-social, con una puesta en escena que vuelve a destacar esa tradición francesa de la disección exhaustiva del lenguaje y la conducta.

Ambas, como Presunción de inocencia, no buscan un veredicto que tranquilice al espectador, sino que abren grietas. El tribunal se convierte en un laboratorio donde se analizan las relaciones humanas, más que los hechos concretos. Por eso es tan eficaz para el cine: permite largos planos sostenidos, confrontaciones verbales de alto voltaje, ambigüedad moral y actuaciones muy matizadas.


Curiosidades del rodaje y anécdotas

  • Inspiración real y familiar: La película se basa en los relatos del abogado penalista Jean-Yves Moyart, conocido como Maître Mô, quien compartía sus experiencias en un blog que posteriormente se convirtió en el libro Au Guet-apens: Chroniques de la Justice Pénale Ordinaire. La productora del filme es Nelly Auteuil, hija de Daniel Auteuil, lo que añade una dimensión personal al proyecto. Daniel comentó con humor que no podía defraudar a su hija en esta empresa conjunta. 
  • Localizaciones auténticas: El rodaje se llevó a cabo en Draguignan, en el departamento de Var, Francia. Esta elección de localización aporta una atmósfera realista y sobria que refuerza la autenticidad del drama judicial. 
  • Colaboración técnica destacada: El director de fotografía Jean-François Hensgens utilizó la cámara ARRI ALEXA 35 para capturar la esencia del filme, buscando una estética que reflejara la tensión y la humanidad presentes en la historia. 
  • Participación de la familia Auteuil: Además de la producción a cargo de Nelly Auteuil, la película cuenta con la actuación de Aurore Auteuil, hija de Daniel, quien interpreta a Audrey Girard, añadiendo otra capa de conexión familiar al proyecto. 
  • Reflexión sobre la profesión legal: Daniel Auteuil expresó en entrevistas que, aunque actores y abogados pueden compartir el arte de la oratoria, las consecuencias de sus errores son muy distintas. Mientras que un actor puede caer en el ridículo, un abogado puede condenar a alguien injustamente. 

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