martes, 11 de octubre de 2016

El Marginal, prisiones con otro acento


 
Estamos siendo seducidos por el magnífico cine argentino, así de claro. Es uno de los más pujantes de Iberoamérica y cada vez más sus producciones saltan las fronteras nacionales y continentales y pasan a ser observadas, primero con interés, y después con admiración, en todo el mundo. Otro tanto les ocurre a las series televisivas producidas en aquel país que, desde hace unos años han alcanzado niveles de perfección e interés antes desconocidos. El marginal es una serie de prisiones argentina que nos llega a través de Netflix y que sigue en interés a la grata sorpresa que fue Cromo (2015). 

Las series ambientadas en cárceles proliferan en estos últimos tiempos: la memoria nos alcanza a recordar Oz (1997-2003) Prison Break (2005), Alcatraz (2011-2012), Orange Is the New Black (2013), y la española Vis a vis (2015). Será porque la crisis económica ha aumentado la población penitenciaria en todo el mundo o, simplemente, porque cada vez más ciudadanos son víctimas de la delincuencia, el caso es que este género experimenta hoy una proliferación nunca antes conocida. Hay de todo, como en botica, series mejores y peores. El marginal pertenece a las primeras.



Un grupo de delincuentes secuestra a la hija de un juez. En el curso de la acción muere uno de los secuestradores que resulta ser un preso que cumple condena. Así pues, todas las pistas apuntan a la siniestra prisión de San Onofre en donde debe encontrarse la clave de la operación y la única pista para localizar a la chica. El juez contrata a un ex policía para que se haga pasar por preso e investigue el misterio. Tal es el planteamiento de partida que resulta inédito en los anales de relatos carcelarios (y que tiene algo que ver con el llamado “crimen de la calle Fuencarral” que fue llevado al cine por Edgar Neville en El crimen de la calle bordadores [1946]. Siempre se sospechó que el crimen había sido cometido por un preso que contaba con el favor del director de la prisión que no era otro que el padre de Millán Astray, fundador de la Legión). El protagonista es un superviviente, abandonado por todos, arrojado a un mundo hostil e inmisericorde en donde resulta difícil mantenerse en pie e incluso sobrevivir.

La película se filmó en la prisión (en aquellas latitudes les llaman “panópticos”) de Caseros, situada en la avenida bonaerense del mismo nombre, una institución que lleva cerrada desde 2001 y que ya había sido utilizado como plató para la miniserie Tumberos (2002). Se trata de un edificio desgraciado que lleva años pendientes de derribo y que en 2010 estuvo poblado por una patulea de toxicómanos y… marginales. Sin duda, el hecho de que la serie se haya filmado en ese escenario contribuye a darle un marchamo de conmovedora autenticidad. 

La serie nos muestra una destartalada prisión en la que los internos sobreviven en las condiciones más lamentables y hostiles, pero en donde una mafia carcelaria rivaliza en bienestar con el director de la prisión. Los habituales directores inmisericordes, los guardias de prisión sádicos, los internos unos, muestra de los bajos fondos arrabaleros y otros, caídos en las garras de la droga, homosexuales, matarifes sin escrúpulos y asistentas sociales desesperadas por ver la imposibilidad de mejorar las condiciones de los presos, componen los puntales de este cuadro extremadamente realista que se completa, extramuros de la prisión, con funcionarios degenerados, abogados miserables (alguno parece sacado de los episodios de Relatos salvajes [2014]) y personajes sombríos.


La serie fue creada por Sebastián Ortega y Adrián Caetano. El primero (hijo del cantante Palito Ortega) tiene amplia experiencia en el género y fue el productor de la serie de TV Tumberos (2002) que también se desarrollaba intramuros de una prisión. Volvió a gozar de otro éxito para televisión con Los Roldán (2004), historia de dos familias enfrentadas. Pero fue a partir de 2007 cuando encadenó distintos éxitos que lo han convertido en uno de los show-runners con más éxitos en su haber: Lalola (2007), Los exitosos Pells (2008), Botineras (2009) sobre el mundo del fútbol y un asesinato, así hasta llegar a Graduados (2012). 

Argentina es un reservorio de actores de primer orden que podrían competir ventajosamente con los grandes nombres de Hollywood a poco que tuvieran detrás medios de promoción remotamente similares a las factorías norteamericanas. Desde el primer hasta el último de esta serie se revelan como actores de carácter, perfectamente identificados con sus personajes. Éstos, por otra parte han sido muy bien definidos por los guionistas: se trata de tipos carcelarios que realmente existen en todas las prisiones del mundo.  

Obviamente, como todas las series televisivas, existen momentos mejores y peores, afortunadamente en El Marginal, estos últimos son los menos y quizás tengan que ver con la reiteración y monotonía de la vida carcelaria (pero es que la cárcel es eso: vida plana y sin alicientes como castigo por el crimen cometido). Las prisiones siempre han generado un escenario con suficiente fuerza dramática como para suscitar el interés del espectador. Es difícil recordar cuál fue la primera película de éxito que abordó este tema. Desde luego si Soy un fugitivo (1932) no estrenó el género, sí al menos, fue la primera que gozó de un éxito internacional. Hemos visto prisiones exóticas (Papillón [1973]), prisiones futuristas (Fortaleza infernal [1992], Alien 3 [1992]), prisiones realmente existentes (La fuga de Alcatraz [], American History X [1998], El expreso de medianoche [1978]), prisiones de mujeres (Cárcel de mujeres [1951], Cárcel de mujeres [1971], Atrapadas [1984], Atrapadas sin salida [2014]), dramas carcelarios (Cadena perpetua [1994]) falsos culpables en prisión (Brubaker [1980], películas españolas (Celda 211 [2009], Carne apaleada [1978], La fuga de Segovia [1981]) e incluso el cine argentino cuenta con precedentes en este género (Condenados [2013], Crónica de una fuga [2006], Leonera [2008], Carandiru [2003], Un oso rojo [2002])… Y son solo unos ejemplos de un género que ha dado grandes películas. A partir de ahora, El marginal, figurará como una de las mejores series televisivas sobre prisiones que se han proyectado en un momento en que este género goza de particular difusión.


La serie consta de 30 episodios, cada uno de 30 minutos, y se está actualmente proyectando en la República Argentina. Conoceremos el final el 22 diciembre de 2016. Netflix lo está transmitiendo en España desde principios de octubre. También puede conseguirse a través de los habituales programas “peer to peer”. Las críticas que ha recibido oscilan entre lo bueno y lo muy bueno. La serie mantiene el interés en todos los capítulos. En su tierra de origen, alcanzó en el octavo episodio un rating de 5.000.000 de espectadores y una media de 3.300.000. 

Gustará a quienes sientan una predilección particular por los dramas carcelarios y el género negro. Los amantes de los cines minoritarios verán en esta serie un producto que puede competir ventajosamente en nuestro ámbito cultural, con las series de similar temática que llegan de los EEUU. Una serie digna de verse y que, por sí misma, justifica pagar los pocos euros de la suscripción mensual a Netflix

FICHA

Título original: El Marginal
Título en castellano: El Marginal
Temporadas: 30 episodios de 30 minutos-
Año: 2016
Temática: género negro.
Subgénero: drama carcelario.
Actores principales: Adrian Caetano, Guillermo Salmerón, Silvina Olschansky, Nicolás Marina.
Lo mejor: la reconstrucción de la sordidez de la prisión de San Onofre
Lo peor: algunos momentos que aportan poco a la trama central
Puntuación: 8

¿Cómo verlo?: en castellano a través de Netflix, en versión original a través de eMule y bitTorrent, con subtítulos en http://www.subdivx.com/
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