miércoles, 5 de octubre de 2016

Broadchurch, paraísos que no lo son tanto



Si algo se le puede achacar a esta serie es su extremo realismo. Todo es tan cotidiano y tan habitual en pequeñas comunidades que, se diría que aun ocurriendo en una población costera del Reino Unido puede muy bien haber sucedido en ese pueblo en donde usted o yo vivimos o vamos de veraneo cada año. En las pequeñas comunidades, los rencores, los odios, los resentimientos, las sospechas y las desconfianzas centuplican su intensidad en relación a las grandes ciudades que siempre han tenido algo de anónimo e impersonal. Y lo que es peor: marcan a sus habitantes para siempre, se extienden como la pólvora y tienen la fuerza del rayo. El hecho de que esos pueblos tengan una dimensión más humana que las grandes megalópolis modernas es lo que las hace más atractivos a primera vista. Luego, cuando uno se introduce en ellas empieza a pensar que buena parte de lo humano es también desagradable y hostil. Esta serie nos muestra con tal perfección los rasgos psicológicos de estos pueblos con una precisión tal que compone un cuadro hiper-realista. 

Un niño asesinado en una pequeña localidad inglesa. Un policía llegado de fuera, con problemas psicológicos y de salud, para hacerse cargo de la investigación. Una policía local que conoce el ambiente, eficiente en su trabajo y madre de familia. Un entorno de vecinos, a cual más sospechoso e inquietante. Una situación endiablada en la que todos pueden ser los asesinos y nadie es completamente inocente. Tales son los elementos de una trama en cuya simplicidad y banalidad de los personajes y las situaciones radica su interés. Nos cuesta menos imaginar que cualquiera de las personas que nos cruzamos a lo largo del día –y que son los que, a fin de cuentas, conforman esta serie– ante determinadas situaciones, pueden asesinar, con la misma facilidad que lo hace alguien que lleve escrito en la frente: “serial killer”. Esta serie va de gente común y corriente, investigadores e investigados, sencillos hasta lo insípido:  uno de ellos ha asesinado a un adolescente.


Lo que se dio en llamar “suspense” y de lo que Alfred Hitchkock fue su gran maestro, consiste en la habilidad para construir tramas en las que el espectador experimente una ansiedad creciente hasta llegar al desenlace final, no pueda desviar los ojos de la pantalla en la seguridad de que puede perder algún dato decisivo que anticipe el final y experimente un estado de tensión que le inhibe de cualquier otra cosa que le rodee en ese momento. El espectador permanece “suspendido” en un estado de extrema sensibilidad y receptividad ante lo que pueda ocurrir en la pantalla, conmocionado y desesperado a lo largo de los minutos de proyección. Finalmente, el desenlace final le imbuye de alegría, satisfacción y euforia: lo sume en una catarsis liberadora. El “suspense” (del latino suspensus, “suspendido” –esto es, fijado– en relación a las emociones) es un elemento esencial del thriller (derivado del verbo inglés thrill, asustar, emocionar, estremecer). Chris Chibnal y Louise Fox, que figuran como guionistas de Broadchurch, son diestros en el manejo de estos términos.

La segunda temporada, estrenada el año siguiente, no nos introduce en un caso nuevo: si la primero termina con la detención del asesino, la segunda está dedicada a seguir las repercusiones que el crimen ha tenido en el pueblo y tendrá durante la celebración del proceso judicial. En esta segunda temporada aparecen algunos personajes nuevos ausentes en la primera. Si duda, el más llamativo de todos es el de la abogada representada por Charlotte Rampling.

Los protagonistas son rostros habituales en la cinematografía británica. El “inspector Alec Hary” está asumido por David Tennat. Por su parte la “sargento Ellie Miller” es Olivia Colman. Tennat aparece en la cuarta entrega de Harry Potter (2005, El cáliz de fuego), fue el décimo doctor en Doctor Who: el día del Doctor (2013), en Casanova y en la serie Jessica Jones (2015) y, además de sus cualidades interpretativas, ha sido definido como “el hombre más atractivo del universo”, por delante de Brad Pitt o David Becham, algo que siempre puede resultar discutible, y que no confirmó su ubicación en el puesto vigésimo de la lista de 100 hombres más bellos del mundo, que recoge las opiniones de 10.000 mujeres, ubicación con la que estamos más de acuerdo. En la serie no aparece precisamente como un tipo atractivo, sino más bien enfermizo, desgalichado y obsesivo, de mirada alucinada.


Su contrapartida es Olivia Colman, que asume los rasgos de policía de proximidad, buena conocedora de su comunidad y madre de familia. La Colman se prodiga en series televisivas desde el año 2000 cuando debutó en Bruiser, comedia de seis episodios no estrenada en España. Recientemente la hemos visto en El infiltrado (2016), Flowers (2016) y Fleabag (2016), desempeñando papeles de reparto. Tanto ella como Tennat, han salido de la dura escuela del teatro shakespereano, así que dominan la dicción, controlan perfectamente la expresividad de su rostro y son uno de los mejores activos de la serie. 
El conjunto es atractivo y el desarrollo de la trama dinámico. No cansa en ningún momento y cuando termina, el espectador experimenta su fin como una carencia. Hubiera deseado que se prolongara más y más. Recomendable sin límites, ni fisuras, especialmente para todos los que puedan amar un producto de género negro situado en un marco rural. 

La serie fue estrenada en marzo del 2013 en la cadena británica Independent Televisión y obtuvo una audiencia inusualmente elevada de 7,1 millones de espectadores y 9,3 millones el episodio final. Recibió unánimemente críticas que oscilaban entre lo muy favorable y lo elogioso. Sin embargo, en su proyección en los EEUU pasó completamente desapercibida y otro tanto ocurrió en España. Antena 3 compró los derechos de la primera temporada pero no los de la segunda, pasando sin pena ni gloria en septiembre de 2014. Sin embargo volvió a reproducirse en el Canal Once y con mucho mayor éxito y seguimiento en Netflix. 


La consecuencia que se puede sacar de todo ello es que Broadchurch es una serie que admite mal el sistema utilizado por las televisiones privadas españolas consistente en parcelar un episodio en un mínimo de cuatro fragmentos con tres cortes publicitarios de 10-20 minutos, rompiendo la tensión y disipando el interés y haciendo imposible su seguimiento. Bien es cierto que la televisión privada vende publicidad y los contenidos son simplemente lo que se sitúa entre bloques y bloques de anuncios para que el público los acepte. Pero Broarchurch es una serie que precisa atención constante y aborrece los masivos y plúmbeos bloques publicitarios que se emite en España. Va dirigida a un tipo de público que no está dispuesto a pasar por el tubo comercial. 

La serie se compone de 16 episodios divididos en dos temporadas, cada uno de cuarenta minutos de duración. El rodaje de la tercera temporada se inició en mayo de 2016 y tardará algunos meses en llegar a España y, por lo que cuentan, tiene una temática diferente a las dos anteriores. Su trasfondo serán los depredadores sexuales. Algún directivo de la Fox sugirió una versión americana con el nombre de Gracepoint que constituyó un fracaso comercial y disuadió de una segunda temporada. Otra versión se está rodando en Francia con el nombre de Malaterra. Les va a ser difícil superar al original.

Diccionario: 
imbuye = Hacer que una persona pase a tener determinado sentimiento, idea u otra cosa inmaterial.

desgalichado = [persona] Que no se mantiene con garbo y sus movimientos son descoordinados.
Publicar un comentario en la entrada