martes, 9 de junio de 2015

Oporto I... edificos abandonados como entrañables camisetas de hombre

Oporto I

Son las 6:30h de la mañana y salgo a caminar por la Rivera del Duero a la altura de R. Aleixo, en dirección al casco antiguo de la ciudad. Fantástica la hora y fantástica la situación de la casa, donde estoy y donde esta situada.

Parece que es una zona marinera de familias de pescadores donde se cocinan estupendos arroces, bacalaos y pulpos. Un simple caldo de pollo está de lujo porque es igual al que hacían las abuelas pero en el 2015.

Me dice mi casera que en los bares de esta zona se socializan pescadores y hombres con un prestigio profesional internacional, tomando unos vinos... como hombres en territorio de nadie.

Hay medio camuflados talleres de arquitectura como si al buscar el anonimato se pudiera trabajar mejor y se hiciera justicia a los excesos que los brillos del ego someten a las almas. Aquí los egos se normalizan como hombres desnudos ante la vida.

Me han presentado Oporto en relación a Lisboa. Oporto es muy... masculino, muy hombre y muy niño, y como tal sello, se encuentra en los edificios que cubren su orografía. Lisboa es la niña bonita, la mujer fascinante... la femineidad. 

Alex me comentó que le gustaba su ciudad, y me lo decía como una mama recibe a una amiga y al enseñar su casa le avisa que al abrir la habitación de su hijo lo tiene decorado todo muy a su aire. Pero es una mama o una esposa que le gusta la masculinidad y valora la diferencia. A lo que iba: si me fijaba en los edificios iba a encontrar edificios reformados y edificios abandonados y que la dualidad estaba asumida desde la normalidad. El caos armonioso.

Hoy he tenido la paciencia de subir, bajar, vuelta a subir, a bajar las pequeñas colinas de Oporto y no he parado de ver las fachadas de sus edificios con raxolas, manises muy singulares y muy bellas.

Oporto conserva sus edificos abandonados como el hombre guarda sus camisetas milenarias... por poner un noseque de tiempo.

Es muy difícil que un hombre tire, abandone su camiseta mas querida y no por menos mas roñosa, mas usada. Imposible. Las mujeres somos incompatibles con los hombres, queremos masacrarlos en sus objetos mas queridos. Seguro que hay escrito en Google algún sufrido hombre al que la mujer le ha tirado las pantuflas mas al limite de la salubridad que uno se puede llegar a imaginar.
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