domingo, 29 de noviembre de 2009

MiniHuertos


El Mundo Digital

La pregunta infantil de si los tomates crecen en los árboles fue quizá lo que puso a Manino González en la pista de su nuevo proyecto. Debió de ser poco después de que proliferaran los carteles de "se alquila gallina" en los que una granja se convertía en algo más exótico que un zoo. La filosofía macrobiótica invade el súper y los restaurantes mientras nos alejamos cada vez más del campo. Un problema para el que ha diseñado una solución perfecta: el alquiler de los minihuertos ecológicos.

La crisis "tocó de muerte" el sector de la arquitectura en el que Manino trabajaba y eso, junto a su experiencia en el intento de exportación de aceite de oliva al Golfo Pérsico y sus pinitos en la casa de campo, le animaron a desarrollar un proyecto pionero en las Islas. Una granja de más de 3.000 metros cuadrados en La Real donde se alquilan minihuertos ecológicos que funcionan como una "nevera natural".

"La idea es volver a conectar a la gente de ciudad con el campo. Volver cien años atrás con la ventaja de los conocimientos y la tecnología de ahora", explica. En tiempos de crisis la idea parece ser recuperar aquello del do it yourself hasta en las hortalizas. Usted alquila el huerto y todo lo que produzca irá directo a su despensa.

Cuarenta y cuatro miniparcelas son la clave de la Biogranja La Real. Dos franjas de tierra divididas en cuatro cuadrados que recuperan la técnica de las parades en crestall. "Un sistema que consigue el doble de rendimiento que la agricultura convencional cambiando la extensión del terreno por casi un metro de profundidad", explica Manino. Un suelo con el sello de calidad ecológico y que sólo utiliza semillas y abonos orgánicos. Y una de las pocas industrias que se ha mantenido estable pese a la crisis.

"En este proyecto la tierra manda. Los humanos estamos acostumbrados a imponernos pero aquí es el suelo quien pone el tiempo", afirma el empresario. Se acabaron los tomates insípidos de diciembre. La agricultura ecológica respeta la época de cada verdura y establece un sistema de rotación de cultivos que garantiza la productividad de la tierra. De las solanáceas (tomates, berenjas y pimientos) a las leguminosas (judías, coles y haberas) pasando por las quenopodiáceas y las umbelíferas.

"Para alguien que no tiene ni idea de agricultura, la ecológica es la más sencilla porque es la del sentido común", asegura. Si usted alquila un minihuerto –los tiene desde 75 euros al mes– tendrá que estar más atento a los beneficios que a las desventajas. El huerto taller servirá para iniciarle en el cultivo y serán Manino González y Joan Aguiló quienes se encarguen del cuidado de su parcelita. La granja se encarga así de que todo lo plantado cumpla con el sello de calidad ecológica que otorga el CBPAE (Consejo Balear de la Producción Agraria Ecológica).

Los minihuertos –que comenzaron en octubre– llegan con retraso a España aunque ya se han implantado en otros países del norte de Europa. "En otro tiempo éramos la despensa del continente y ahora hemos pasado a ser el apartamento de verano. España tiene clima y condiciones para ser puntera en agricultura ecológica, pero falta concienciación", asegura el empresario.

"El mundo comercial está muy limitado, este sistema sirve también para recuperar especies y sabores que escapan de las grandes superficies". En tres o cuatro meses tendrá su primera cosecha. No se extrañe si los limones aguantan tres semanas en la nevera con el mismo amarillo, la agricultura ecológica sin cámaras frigoríficas ni alteraciones es lo que tiene. Si sigue echando de menos los calabacines en diciembre, los talleres de cocina macrobiótica que comenzarán en marzo le enseñarán recetas alternativas y formas de conserva para esos meses de ausencia.

En la tienda ecológica de la Biogranja La Real existe una alternativa para todo lo que imagine. Lo último, la Bionade: una especie de cerveza indie hecha de naranja y jengibre donde la espuma surge de la fermentación. Pronto comenzarán a vender los productos que ellos mismos cultivan. Una idea que coincide con el objetivo de garantizar al máximo la frescura y abaratará el precio con la reducción de gastos. Su cliente ideal son los llamados "burgueses bohemios. Gente con un poder adquisitivo medio alto". Sin embargo reconoce que para comer sano no siempre hace falta tener la cartera llena.

"Queremos ser un grano en el culo de las grandes superficies. Se han apuntado al carro de los productos ecológicos trayendo productos de otros países. La fruta será ecológica, pero el proceso es puro capitalismo. Nosotros primamos lo local", mantiene Manino. Su oasis de agricultura ecológica es un "lujo asiático" a sólo unos minutos del centro de Palma. Un paraíso en el que recuperar las buenas costumbres y el sentido común en la mesa. Al fin y al cabo ya lo dijo Hipócrates: somos lo que comemos.

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