Suburra intenta ser un film político de denuncia pero se queda a medio camino y se convierte en una de esas películas ambiciosas que, de tanto en tanto, produce el cine italiano, que se aproximan pero a las que les falta algo para poder ser consideradas como “denuncias políticas”. Quizás el ser demasiado explícitas. Está ambientada en los días que precedieron a la caída del gobierno Berlusconi en 2011. En los años 70 y aparecieron películas como Suburra (La polizia ringrazia [1973], y sus secuelas, Milán tiembla, la policía pide justicia [1973], Il poliziotto è marció [1974]). Este tipo de cine pretendía seguir por la senda de Costa Gavras (Estado de sitio [1973], La confesión [1971], o Z [1969]), pero tiene un problema: no todos los directores ni guionistas, son Costa Gavras y, por lo demás, este director dio a luz thrillers políticos brillantes y alguna que otra memez. Cuando se aborda el “cine comprometido” uno tiene que estar seguro de que el guión va a estar a la altura. Y aquí se queda a pocos metros.
