Por Sofía Milà y Amor DiBó
Película coreana, es decir, de una industria filmográfica poco conocida en España y procedente de un país del que apenas se sabe que su vecino del norte está dirigido por un personaje que al que los EEUU atribuyen todas las maldades y del que, quienes peinan canas, recordarán que allá hubo una guerra. Eso es todo. Ver una película procedente de un horizonte geográfico desconocido supone situarnos ante el riesgo de un “choque cultural” que nos genere aburrimiento y bostezos hasta el umbral del descoyuntamiento de las mandíbulas. Pues bien bien, no. Esta película es comprensible para occidentales, dirigida según códigos de comunicación al uso en cinematografías más próximas e incluso bien dirigida a pesar de que su responsable, Hong Sang-Soo se autodefina como vago.
Obviamente es una exageración porque Hong Sang-Soo lleva filmadas una treintena de películas desde que se estrenó el milenio. Su promedio viene a ser de casi una película y media por año. Pero, ciertamente, en su técnica de filmar, en algunos momentos se nota que es un adepto a la ley del mínimo esfuerzo: se limita a colocar la cámara en un plano fijo y a esperar que los actores desgranen su parte del guión.... Su técnica parece como si, llevara a su lado a un becario encargado de darle al “rec” y filmar todas las conversaciones entre las parejas protagonistas, los amigos, el camarero y el cliente que vamos viendo en Lo tuyo y tu.

