Durante treinta semanas de 1967, TVE emitió esta serie que empezó sorprendiendo a la audiencia y terminó aburriéndola. La idea era buena (viajes a través del tiempo), pero la ejecución tenía algo de primitivo, improvisado e incluso paleto. El primer episodio nos pareció interesantísimo e incluso sorprendente, pero a medida que íbamos viendo a los dos protagonistas arrojados como un fardo a cualquier época menos a la que les correspondía, siempre con el mismo jersey oscuro con cuello de cisne, aquello que, inicialmente nos habíamos tomado con interés, terminó cansándonos.
La pobreza de medios era insultante: habitualmente para ilustrar una época se colocaban fragmentos de películas de los años 30 y 40. Siempre se recurría al mismo efecto especial para indicar el tránsito de una época a otra. Los dos protagonistas nunca fueron dechados de expresividad y buen hacer y, finalmente, el único personaje femenino de la serie, la “doctora Mac Greggor”, nunca salía del laboratorio, ni siquiera se levantaba y su papel consistía en comunicar con los dos viajeros del tiempo para indicarles que, inmediatamente, les iban a sacar de una época (y de un berenjenal) para enviarlos a otra (cayendo en el momento más inoportuno). Un buen día la serie concluyó y nunca más nos preguntamos por qué no hubo segunda temporada. Los invasores (1967-1968), El fugitivo (1963-1967), El agente de CIPOL (1964-1968), nos hicieron olvidar pronto aquella serie que, a fin de cuentas, tuvo mucho de proyecto frustrado.
La pobreza de medios era insultante: habitualmente para ilustrar una época se colocaban fragmentos de películas de los años 30 y 40. Siempre se recurría al mismo efecto especial para indicar el tránsito de una época a otra. Los dos protagonistas nunca fueron dechados de expresividad y buen hacer y, finalmente, el único personaje femenino de la serie, la “doctora Mac Greggor”, nunca salía del laboratorio, ni siquiera se levantaba y su papel consistía en comunicar con los dos viajeros del tiempo para indicarles que, inmediatamente, les iban a sacar de una época (y de un berenjenal) para enviarlos a otra (cayendo en el momento más inoportuno). Un buen día la serie concluyó y nunca más nos preguntamos por qué no hubo segunda temporada. Los invasores (1967-1968), El fugitivo (1963-1967), El agente de CIPOL (1964-1968), nos hicieron olvidar pronto aquella serie que, a fin de cuentas, tuvo mucho de proyecto frustrado.
