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domingo, 13 de noviembre de 2016

Seinfeld: la serie de un monologuista


Hay series que se han convertido en míticas con el paso del tiempo y otras que lo han sido prácticamente desde su nacimiento, a medida que se iban emitiendo capítulos. Seinfeld pertenece a estas últimas. A partir del término de su tercera temporada ya había entrado en ese Olimpo de la gloria reservado a unas pocas producciones televisivas. Visualizada a casi treinta años de la emisión del primer episodio, conserva toda su frescura, los gags siguen suscitando sonrisas (o carcajadas) y los personajes muestran perfiles caricaturescos que se corresponden con modelos humanos actuales. Y es que lo absurdo nunca pierde actualidad. Pero hay algo mejor que todo eso. El leit-motiv de la serie es… nada. 

Así como Frasier (1993-2004) sigue las aventuras y desventuras de un psiquiatra en su programa de radio y las peripecias de su núcleo familiar, de la misma forma que Big Bang Theory (2007-hoy) tiene como eje las excentricidades de “Sheldon Cooper” y de sus amigos, en Friends (1994-2004) las interrelaciones entre cuatro amigos, lo sorprendente de Seinfield es… que no es una serie sobre Seinfield, ni sobre nada en especial. En uno de los episodios cuando “Georges Constanza”, uno de los protagonistas, asumiendo el espíritu de esta producción, presenta a una productora un proyecto de serie, lo primero que le preguntan es sobro qué va el proyecto: “Sobre nada”, responde. “¿Nada?”. “Sí, nada”. Pues bien, Seinfeld va sobre nada. Lo que cuenta no es la vida de Seinfeld, el cómico que da nombre a la serie, tampoco biografía a sus tres compañeros, “Georges Constanza”, “Elaine Benes” y “Kramer”, es, más bien, una sucesión de anécdotas , siempre absurdas, situaciones grotescas en las que se ven implicados por protagonistas.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Larry David, Courb your enthusiasm, humor judío para gentiles


Larry David es uno de los personajes más brillantes de Hollywood y también de los más discretos. Es actor, monologuista, guionista y productor. Genial en cualquiera de las actividades que acomete, es, además, de los que saben parar a tiempo. Nunca le ha gustado eternizarse en los mismos proyectos. Gana suficiente dinero como para poder vivir lujosamente varias reencarnaciones y cuando algo empieza a aburrirle no está dispuesto a proseguirlo por mucho que le reporte a su cuenta corriente algún que otro millón de dólares más. Sus ideas son originales. Tiene suficiente con crear un éxito cada veinte años. El anterior fue Seinfeld. Luego pasó casi diez años de inactividad hasta que volvió a la carga con una nueva serie en la que él mismo sería protagonista. La HBO no dudo ni un momento al conocer lo esencial del proyecto. La serie, además, sería sobre sí mismo, sobre Larry David, el sujeto que mejor conocía. Bingo: nuevo un éxito. Tenía todos los elementos que habían estado presentes en Seinfeld. Bueno, no todos: la acción no se desarrollaba en aquel pequeño bar-restaurante de Manhattan, el Monk’s Café, sino en su propia mansión. Los protagonistas eran su reducido círculo familiar y sus amigos. Una sit-com para ver, degustar y digerir.