En 1965 se había estrenado en
Francia una serie de trece partes divididas en cuatro episodios que causó
sensación. En un momento en el que el aparato de televisión todavía no estaba
al alcance de cualquiera y el parque de tubos catódicos no llega a los 18
millones, esta producción de la ORTF alcanzó una audiencia de 10 millones de
espectadores. Otro tanto ocurrió cuando al año siguiente la serie se proyectó
en TVE, los jueves entre 10 y 11 de la noche. A este lado de los Pirineos se
repitió el éxito y fue uno de los motivos por los que un año después la
dirección de “la casa” encargó a Chicho Ibáñez Serrador las celebérrimas Historias para no dormir (1966-1982).
Durante la primavera de ese año, todos los medios de comunicación españoles,
sin excepción, dedicaron amplios comentarios a esta serie que mezclaba el
terror parapsicológico con elementos propios del thriller policíaco.
