Mi padre albergaba una prevención especial hacia las películas “de barbas” (péplums o películas a lo Cecyl B. de Mille) y “con niños”. En su infinita bondad, sacrificaba sus gustos para que yo pudiera ver en el único aparato de televisión series como Rin-Tin-Tin o Lassie. Con el tiempo, tuve que darle la razón y unir unas cuantas características más al catálogo de incompatibilidades. Fui advirtiendo que mi padre tenía algo de razón a medida que iba viendo la interminable serie Lassie que se prolongó desde 1954 hasta 1971 y que tuvo prolongaciones posteriores, traslaciones a la pantalla grande y a los dibujos animados. Y todo ello a partir de un pequeño cuento publicado en 1938 por Eric Knight, en el Saturday Evening Post en 1938.
PROTAGONISTA: EL PERRO
Porque el verdadero protagonista siempre fue el perro y no el niño. La prueba es que en la temporada 1970-1971, el perro no tenía dueño ni estaba asentado en ninguna granja, son que vagaba por los caminos y todos los protagonistas humanos de cada serie eran fortuitos y desaparecían en el siguiente. El perro era una especie de desfacedor de entuertos con un coeficiente intelectual que abochornaría la mismísimo “Sheldon Cooper” y una capacidad para la acción propia de un equipo de intervención rápida de los marines.
