Qué curioso que sea precisamente Corea del Sur, uno de los países que ha convertido la belleza y el cuidado de la apariencia en una extraordinaria industria de exportación y que al mismo tiempo alimenta la tiranía de la belleza que parece ordenar a las personas en un escalafón social. Cuanto más te aproximes al ideal... más arriba, cuanto más te alejas, más abajo. Con película titulada The Ugly resulta más incómodo descubrir que quizá no quiera hablarnos de una mujer fea, sino de una sociedad que necesitó convertirla en fea para poder despreciarla.
Para cerrar el KFFBCN 2026, The Ugly parece casi hecha a mi medida. No tanto por el misterio criminal, sino porque debajo de él aparecen varios de esos asuntos en los que suelo detenerte: la memoria, la familia, aquello que se oculta durante décadas, la crueldad social y, sobre todo, quién decide qué persona merece ser mirada y cuál puede ser apartada.
Los restos de Jeong Young-hee, desaparecida cuarenta años atrás, aparecen inesperadamente. Su hijo Dong-hwan, que nunca conoció el rostro de su madre, empieza a reconstruir quién fue aquella mujer con ayuda de una productora que estaba realizando un documental sobre su padre, un prestigioso artesano grabador ciego. Los testimonios los llevan hasta quienes trabajaron con ella décadas atrás en una fábrica de ropa de Cheonggyecheon.
¿Quién es realmente «The Ugly»?
Porque todo empieza diciéndonos que ella era fea.
Y ahí Yeon Sang-ho coloca una trampa bastante inteligente: tenemos un padre ciego, una madre cuyo rostro el hijo nunca ha visto, unos antiguos compañeros que construyen verbalmente la imagen de aquella mujer y nosotros, espectadores, intentando fabricar mentalmente un rostro.
Yeon Sang-ho adapta su propia novela gráfica Face y realizó la película como su primer largometraje independiente, rodándolo en apenas tres semanas, con un equipo de alrededor de veinte personas. KOFIC sitúa el presupuesto aproximadamente en 200 millones de wones, unos 150.000 dólares según su equivalencia publicada entonces. El propio director explicó que buscaba deliberadamente otra manera de hacer cine: pensaba que, para conseguir películas con un espíritu diferente, también había que cambiar la forma de producirlas. Y funcionó bastante bien para semejante experimento: KOFIC registra ya más de 1,07 millones de espectadores en Corea del Sur, además de su paso por Toronto 2025.
THE UGLY — ¿Una película incómodamente coreana?
Hablando de la película...
Hay algo que me sorprendió especialmente de The Ugly: que una película coreana se atreva a colocar la fealdad en el centro de la pantalla. Y digo coreana deliberadamente.
Corea del Sur ha convertido la belleza y el cuidado personal en una de sus imágenes de exportación. El fenómeno K-Beauty ha llevado por medio mundo cremas, sérums, mascarillas, protectores solares y rutinas destinadas a conseguir una piel impecable, luminosa y extraordinariamente cuidada. A ello se suma una cultura en la que la cirugía estética se encuentra mucho más normalizada que en numerosos países. Un trabajo médico publicado en 2025 señala precisamente la combinación entre desarrollo económico, presión competitiva, transformación de las normas sociales y creciente importancia concedida a la presentación física como factores que han favorecido esa situación.
Por eso me parece fascinante que Yeon Sang-ho decida llamar a su película The Ugly. La fea.
Porque no escoge a una mujer extraordinariamente bella para contar otra historia sobre la belleza. Hace exactamente lo contrario: construye una película alrededor de una mujer a la que prácticamente todo el mundo recuerda por una característica, era fea. Y aquí empieza lo verdaderamente perverso. La fealdad no aparece solamente como una característica física. Se convierte en una categoría social.
Young-hee no es simplemente considerada poco atractiva. Esa consideración parece autorizar a los demás a tratarla peor, ridiculizarla, despreciarla e incluso disminuir su condición de persona. Esto tiene una palabra: lookism, discriminación por la apariencia física. Y en Corea no es solamente una discusión cultural. Un estudio basado en datos de una cohorte representativa de jóvenes surcoreanos encontró una asociación significativa entre haber sufrido repetidamente discriminación por la apariencia y una peor percepción de la propia salud. Los investigadores señalaban además que la apariencia puede actuar como factor de estratificación en ámbitos tan competitivos como el educativo, laboral o social.
Y entonces The Ugly empieza a ser bastante más incómoda de lo que parecía. Pero Yeon Sang-ho introduce una trampa maravillosa. No nos enseña el rostro de Young-hee. Nos obliga a conocerla a través de las palabras de los demás. «Era fea.» «Muy fea.» Y cuanto más nos lo dicen, más queremos verla. Ahí caemos nosotros también. Porque llega un momento en que el espectador ya no quiere saber solamente quién mató a Young-hee. Quiere comprobar hasta qué punto era fea.
Y Yeon Sang-ho nos acaba de meter dentro del experimento. El propio director ha explicado algo que confirma muchísimo tu lectura. Según él, Young-hee no era rechazada únicamente por su apariencia: su sentido de la justicia resultaba incómodo para quienes la rodeaban, y eso contribuía a que los demás la construyeran como «fea». En otra entrevista lo expresó mediante la pregunta que está debajo de toda la película: ¿qué es realmente feo, su rostro o la corrupción de quienes la desprecian?
Quizá primero decidieron que aquella mujer no les gustaba y después decidieron que era fea.
La belleza deja de ser exclusivamente una cuestión de centímetros, ojos, nariz, piel o simetría. Puede convertirse en un mecanismo para establecer jerarquías: quién merece atención, quién consigue trabajo, quién resulta deseable, quién puede ser humillado y en el extremo que plantea la película, quién puede desaparecer sin que nadie pregunte demasiado por ella.
Yeon Sang-ho ha explicado que creó a Young-hee como contrapunto de la generación obsesionada con el progreso económico de Corea: quería preguntarse quiénes y qué cosas fueron borrados durante aquel crecimiento extraordinario del país. ¡Ahí tenemos otra vez la memoria histórica!
Hace dos días estábamos hablando de cómo el cine coreano vuelve constantemente sobre aquello que el desarrollo del país dejó atrás. Y ahora The Ugly nos presenta literalmente a una mujer que quedó enterrada durante décadas. El país se hizo rico. Se hizo moderno. Se hizo tecnológico. Y finalmente se convirtió también en una potencia mundial de la belleza. Pero debajo de ese magnífico escaparate Yeon Sang-ho desentierra a una mujer a la que nadie quiso mirar.
Con The Ugly tenemos otra cosa bastante más compleja que «un personaje ciego».
Hay una razón sociológica para canalizar el instinto animal del ser humano. En los pueblos los arquetipos el cura, el policía, la maestra, el comerciante, el agricultor, etc. y el "tonto" del pueblo. El equilibrio es que nadie puede ser más tonto que "el tonto oficial". Por muchos cotilleos que haya. Dado este punto es comprensible. No hay nadie más feo que la fea protagonista de nuestra película que estamos comentando.
Lo que describo tiene bastante relación con la función social del chivo expiatorio, la estigmatización y la construcción del “otro”. En una comunidad pequeña y también en un grupo laboral, una escuela o incluso una familia, puede aparecer una jerarquía informal. No basta con saber quién posee autoridad; también se establece quién ocupa el último peldaño. El raro, el torpe, el borracho, el pobre, el «tonto del pueblo», la solterona, el feo... Son etiquetas que simplifican a una persona hasta convertirla prácticamente en un personaje.
«Nadie puede ser más tonto que el tonto oficial».
No porque objetivamente lo sea, sino porque el grupo necesita conservar el reparto de papeles. Si el supuesto tonto hace algo inteligente, incluso puede producir incomodidad: está saliéndose del personaje que los demás le han adjudicado. En The Ugly ocurre algo parecido, pero con la apariencia. Young-hee se convierte en “la fea oficial”. Una vez colocada en ese lugar, prácticamente desaparece la posibilidad de comparación. Es LA FEA.
Y eso explica algo muy cruel: cada testimonio puede exagerar el anterior. Nadie quiere decir, pues yo tampoco la encontraba tan fea. Porque hacerlo supone romper el consenso del grupo. Incluso podría formularse de una manera que me parece muy útil para tu reseña:
Cuando una comunidad elige a su fea, ya no necesita volver a mirarla. La etiqueta hace todo el trabajo. Y aquí aparece nuestro animal social
Los humanos somos extraordinariamente proclives a formar grupos, establecer jerarquías y distinguir entre “nosotros” y “ellos”. Pero la forma concreta que adopta esa exclusión depende muchísimo de la cultura y de las circunstancias. El pueblo tradicional lo podía hacer mediante el apodo. En el instituto mediante el mote. Una fábrica mediante la burla colectiva. Y una sociedad obsesionada con la apariencia puede hacerlo mediante la belleza.
Ahí The Ugly se vuelve todavía más interesante porque Young-hee trabajaba en un ambiente colectivo. Mientras exista “la fea”, los demás dejan de ser los más feos.
Y aquí creo que llegamos al punto más doloroso de The Ugly, porque la ceguera del padre no funciona únicamente como discapacidad física: Yeon Sang-ho la convierte en una herida social que el personaje nunca consigue cerrar.
El padre cuenta que creció convencido de que era el hazmerreír del pueblo. No puede ver las caras de quienes tiene delante y, por tanto, tampoco puede comprobar una sonrisa, una mueca, una mirada de admiración o una mirada burlona. Tiene que interpretar el mundo mediante las voces, los silencios, las entonaciones y lo que imagina que ocurre a su alrededor.
Y entonces aparece algo fundamental: su extraordinaria capacidad para fabricar sellos.
Por primera vez posee algo por lo que los demás lo admiran. Ya no es «el ciego del pueblo». Es un artesano excepcional. Y después aparece Young-hee, una mujer que lo admira precisamente por aquello que sabe hacer. Para él, casarse con ella puede significar mucho más que enamorarse: significa haber conseguido finalmente cambiar de escalafón social.
Él cree que ha dejado de ocupar la última silla. Hasta que descubre que se ha casado con «la última silla» Ese giro me parece terrible. Cuando descubre que los demás consideran a su mujer extraordinariamente fea y que también ella ha sido objeto de burla, su antigua herida reaparece.
No mata a Young-hee porque él descubra que es fea. Ni siquiera puede verla. La mata porque descubre cómo la ven los demás. Lo insoportable para él no sería el rostro de su esposa, sino comprender que quizá aquellas personas a las que siempre sospechó riéndose de él pueden continuar haciéndolo: «El ciego se ha casado con la fea.»
Y ahí aparece una de las paradojas más brutales de The Ugly: un hombre que no puede ver la fealdad termina asesinando por la fealdad.
No por lo que perciben sus ojos. Por lo que imagina que perciben los ojos de los demás. La carencia más grave no es visual Esto nos permitiría ir todavía un poquito más lejos en tu comentario. Su problema físico es la ceguera. Pero su verdadera carencia emocional parece ser otra: no haber conseguido independizar su propia valoración de la mirada social. Young-hee lo admira. Reconoce su talento. Lo elige. Probablemente le proporciona precisamente aquello que llevaba toda la vida buscando: consideración y dignidad. Pero eso no resulta suficiente. Necesita que los demás también certifiquen su valor.
Y cuando cree descubrir que su matrimonio no le proporciona prestigio sino una nueva humillación, sacrifica precisamente a la persona que había sabido verlo de una manera que los demás no habían conseguido.
Ahí hay una ironía enorme: La mujer ve al hombre que existe detrás del ciego. El ciego no consigue ver a la mujer que existe detrás de “la fea”.
Corea y la cultura de la belleza → la comunidad necesita fabricar a su “feo oficial” → un hombre obsesionado con escapar del último escalón social descubre que se ha casado con quien ocupa ese lugar.
Por eso el asesinato termina siendo mucho más terrible que un crimen provocado por el rechazo físico. Es un crimen provocado por la mirada ajena.
Lo terrible es que terminó mirándola con los ojos de los demás.


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