viernes, 6 de enero de 2017

Corrupción en Miami: policías estilosos y pretenciosos


Nunca fue de mis series favoritas, aunque ahora un interés que no le vi mientras se proyectaba. La serie arrancó en 1984 y se mantuvo hasta el final de la década, cubre así los años que van de la nominación de Reagan para su segundo período presidencial hasta la consumación del hundimiento de la URSS. Cuando se inició la filmación de la serie ya estaba claro que el llamado “bloque soviético” se estaba desintegrando. No puede extrañar, por tanto, que en esas circunstancias, Hollywood juzgara que, frente a una serie depresiva, realista y casi apocalíptica, como era Canción Triste de Hill Street, debiera existir otra en la que el lujo y los oropeles destacaran por encima del polvo, las ratas y la miseria. Esa serie fue Miami Vice, más conocida en nuestros pagos como Corrupción en Miami.

MIAMI VICE, REFLEJO DE UNA ÉPOCA

La pregunta de cómo era posible que un policía de anti-vicio (con un sueldo medio normal en los EEUU) pudiera manejarse con un Ferrari Daytona y luego con un Ferrari Testarrosa, constituye sin duda el gran misterio de esta serie, pero también la evidencia de lo que aspiraba a ser la serie y la impresión que sugería: que EEUU seguía siendo una gran potencia, que lo era más que nunca y que hasta un policía de anti-vicio podía tener un coche que, en Europa solamente podían pagarse acaudalados de primera fila. Luego resulta que el Testarrosa en cuestión era, efectivamente, el reflejo, pero de la situación real que vivía el país: en realidad, no era una auténtico Testarrosa sino una carrocería de este modelo sobre un chasis de un Chevrolet Corvette del 80 que tampoco estaba mal, pero que no pasaba de ser un coche fabricado en serie, una especie de quiero y no puedo para ligones de más de 50 años. El apaño no gustó a Enzo Ferrari que en 1986 regaló dos vehículos auténticos y demandó a quienes habían hecho las réplicas (y las estaban comercializando aprovechando el tirón de la serie). En una escena “histórica”, el falso Testarrosa salta por los aires. Para colmo, la carrocería del auténtico Testarrosa (obviamente con chapa roja) no era “fotogénico” en las escenas nocturnas, así que fue nuevamente pintado de blanco.



La historia del Testarrosa de Miami Vice puede considerarse como una perífrasis simbólica de aquella época: los EEUU habían ganado la Guerra Fría; el propio presidente Bush (padre) había proclamado que era la única nación con autoridad moral para liderar el Nuevo Orden Mundial. Pero era evidente que bajo aquella chapa victoriosa, algo olía a podrido en los EEUU: no era solamente lo que ponía de manifiesto la serie Canción Triste de Hill Street, sino lo que leíamos en los diarios: la mayoría de misiles Patriot utilizados en la Guerra de Kuwait no habían dado en el blanco, la victoria sobre Iraq solamente fue posible gracias a los bombardeos sistemáticos a gran altura, una vez desalojados los iraquíes de Kuwait, las tropas de tierra no se aventuraron a entrar en profundidad en Iraq y, para colmo, si el crack destruía los guetos negros era porque la CIA había favorecido la entrada masiva de droga colombiana en territorio norteamericano para extraer fondos suficientes con los que financiar la “contra” nicaragüense, comprando armas a Irán… Sin olvidar que, justo cuando la desplomó la URSS, fuentes norteamericanas reconocieron que la llamada Guerra de las Galaxias era tecnología de imposible utilización en aquellos momentos. 

EEUU quería dar una sensación de potencia; es más: de ser la única potencia mundial. Pero en realidad era ya un país con enormes debilidades, un déficit en el gasto público que empezaba a ser alarmante, una sociedad poco comprometida con sus aventuras exteriores y una brecha creciente entre el gobierno y los gobernados. La potencia exterior de la que alardeaba el país, aun existiendo, era tan engañosa como el look del que hacían gala “Sonny Crocket” y “Rico Tumbs”, la pareja protagonista de Corrupción en Miami.

LA CULTURA OCHENTERA: EL NEW WAVE

Si este era el trasfondo de aquella época y las necesidades y resortes a los que respondía su lanzamiento, hay que reconocer que si la serie logró una fama mundial, no fue tanto por la naturaleza de sus guiones ni por las interpretaciones de sus protagonistas, sino especialmente porque describió hasta en sus más mínimos detalles la sociedad de los años 80. El ciclo vital de la serie ocupó lo esencial de aquel movimiento musical y cultural que se llamó “new wave”. El glamour que destilaba la serie era la emanación de este movimiento. Si restamos ese elemento a la serie, se nos queda, simplemente, en nada: apenas sería un esqueleto cien veces repetido de la eterna y tópico lucha entre “buenos” y “malos”. 


Cabría decir incluso que si alguien quiere conocer cómo fueron los años 80, sus modas y sus ritmos, debe necesariamente recurrir a los 111 episodios de esta serie. La “new wave” surgió en el post-punk, cuando esta corriente, ya de por sí, limitada en sus aspiraciones, se agotó comercialmente. Era evidente que lo que vendría después debería de ser una negación de lo que fue el punk. En la serie esta influencia musical destacó por encima de cualquier otra. Sus episodios son un verdadero catálogo de éxitos de los años 80.

Luego estaban los cambios en las costumbres. El consumo de cocaína había dejado de ser algo marginal desde que los esbirros que trabajaban para la CIA importaron toneladas de esta droga para pagar sus operaciones encubiertas. Luego fueron los tiempos gloriosos del Cartel de Medellín (véase la serie Narcos). La “hierba” y el LSD que habían arrasado en los 60 y 70, s vieron superados por esta droga que socialmente había sido bien recibida en los ambientes adinerados. 

La moda cambió y esta serie quiso reflejar este cambio en el vestuario de la pareja protagonista. Hasta ese momento, una americana de marca debía estar colocada sobre un pulcra camisa y una corbata a juego. A partir de la entronización de “Sonny Crocket” como árbitro de la moda, se generalizaron las americanas de Armani sobre camisetas playeras y si era posible arremangas. Eso, y los mocasines sin calcetines o los pantalones blancos sin cinturón, se convirtieron en uniforme obligado para todos los que no estuvieran out en materia de look. Las gafas Ray-ban experimentaron un nuevo revival solo porque las utilizaba “Crocket”. La barba a medio rasurar fue otra de las innovaciones impuestas por esta serie. Se comercializó una maquinilla de afeitar que proporcionaba ese efecto. 


LOS PROTAGONISTAS

Poco cabe decir sobre los argumentos de la serie: policías contra villanos. Nada más. Más interesante es repasar el cuadro de protagonistas. El alma de la serie fue siempre Don Johnson cuyo nombre ha quedado unido eternamente al personaje de “Sonny Crocket”. Su historial previo a Corrupción en Miami era minúsculo. A pesar de que su papel ha sido muy criticado, no era tanto por su capacidad interpretativa (en 1974 había ganado ya un premio de interpretación y en el 85 obtuvo un Emmy y un Globo de Oro en 1986, por su papel en esta serie), se trata de un actor convincente al que le perjudicó el excesivo look impropio de un policía que le impuso la productora. Obviamente, el punto más alto de su carrera fue esta serie, pero luego lo hemos podido ver en otras películas dirigido por directores de primera fila (Dennis Hopper, John Frankenheimer, Tarantino, Robert Rodríguez, Sidney Lumet) y su carrera dista mucho de estar acabada.

No puede decirse lo mismo de su compañero Philip Michael Thomas quien, tras concluir la serie, se vio relegado a una presencia ocasional en unas pocas tv-movies y episodios de algunas series, orientándose hacia el doblaje. 

Quien no perdió fama tras concluir la serie, sino que ha ido en aumento, ha sido Edward James Olmos, actos hijo de padres mexicanos, que antes recordábamos de un inolvidable papel secundario en Brade Runner (1981), “Gaff”, el siniestro detective cuyo protagonismo aumenta a medida que avanza la cinta y está presente en las escenas finales con algunas frases geniales. Fue nominado al Oscar al Mejor Actor por su papel en Stand and Oliver (1988) y en la actualidad sigue apareciendo regularmente en series y largometrajes (recientemente lo hemos visto protagonizando la serie Battelstar Galactica (2003-2009) en el papel de “comandante Adama”. Sus calidades interpretativas fueron reconocidas en 1985 cuando recibió un Emmy como Mejor Actor de Reparto precisamente por encarnar al “teniente Castillo”, jefe de la Brigada Anti Vicio de Miami. Su papel representa al policía frío, distante, enérgico y dúctil cuando es necesario, presentado como un jefe justo y siempre consciente de su responsabilidad. 

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

Estamos ante una serie en la que la trama es lo de menos. No aburre, pero no es nada del otro mundo, una repetición de cualquier serie clónica de detectives. Sin embargo, la capacidad de enganche de la serie deriva de que es una escaparate de lo que fueron los años 80. Podemos decir que Canción Triste de Hill Street fue el espejo de lo que eran los EEUU y de lo que han seguido siendo desde entonces, la “América urbana real”. Miami Vice es, por el contrario, el reverso de la moneda: el espejo de lo que quiere ser América, entonces y ahora.

Sus episodios son material imprescindible para sociólogos e historiadores de las costumbres y, por supuesto, para quien quiera asumir la estética ochentera. Solamente desde este punto de vista puede tener hoy interés. Los admiradores de Don Johnson y los de Edward J. Olmos, tienen material para fijar sus ojos. Y los aficionados a los vehículos podrán reconocer a Masertis, DeLorean, Porsches, Pontyacs, Plyouth Barracudas, Lamdorghinis y demás marcas históricas. 
Ya hemos dicho que, musicalmente, la serie es un catálogo de hits de los 80. Así pues, quienes deseen bucear por los ritmos de la época encontrarán en esta serie todo lo necesario.



FICHA

Título original: Miami Vice.
Título en España: Corrupción en Miami.
Temporadas: 5 (111 episodios autoconcluidos)
Duración episodio: 48 minutos.
Año: 1984-1990.
Temática: Thriller
Subgénero: Policiaco – Acción.
Tema: una pareja de policías de la unidad anti-vicio de Miami se enfrentan a todo tipo de delincuentes y amenazas con un pretendido look seductor estilo ochentero.
Actores: Don Johnson, Philip Michael Thomas, Edward James Olmos, Saundra Santiago, Olvia Brown, Michael Talbott, John Diehl.
Lo mejor: fue otro reflejo de los años ochenta en EEUU.
Lo peor: que ese look era, a menudo, hortera

Puntuación: 6,5

Presentación (en español)
Sintonía e introducción de la seriehttps://youtu.be/RdgvAyOcCJo

Fragmentos de la serie (en castellano)https://youtu.be/itL7p61ky1c


¿Cómo verla?: Algunos episodios en versión original y en castellano están incluidos en youtube. L a colección completa está a la venta en Amazon.es 


Publicar un comentario en la entrada