miércoles, 21 de diciembre de 2016

Lucifer, casi un diablillo con complejo de Edipo


Llevamos en 2016 acumulación de series sobre satanismo, así que dudamos bastante antes de ver otra más. El nombre determina el contenido y una serie que se titule simplemente “Lucifer”, es como el título de Titanic: sabemos de qué va a ir e intuimos cómo puede terminar. Y sin embargo, cuando vimos los primeros episodios de Lucifer nos dimos cuenta de que era un producto con personalidad propia, bien diseñado, correctamente diseñado, interpretado de manera aceptable y, sobre todo, entretenido. En esta serie el “satanismo” es lo de menos. De hecho, hace falta un esfuerzo para recordar que el protagonista es el príncipe de las tinieblas.

LA MALDAD NUESTRA DE CADA DÍA

Hagamos memoria y situemos la figura de Lucifer: es el “ángel caído” cuyo nombre mismo indica su origen, Lucifer = portador de luz. Siendo el primero entre los ángeles era también un rebelde, es de lo que “quieren ser como Dios”: por eso es arrojado al abismo. A partir de ahí se convierte en el “gran tentador”, el rival de Dios. Su primer éxito se escenifica ofreciendo a Eva una manzana. De todas formas, es preciso distinguir sutilmente entre “Lucifer” y “Satanás”. El segundo es asimilado al Diablo, terrible y cruel, es el que gestiona directamente las calderas del infierno. El rojo es su color y el fuego su eterno acompañante. Lucifer es otra cosa: su papel se limita a tentar mucho más que a castigar. Es casi una potencia de la mente, el estímulo psicológico que nos lleva hacia el “mal” o hacia la vía más simple, egoísta y desaprensiva.



Esta distinción –sutil, como hemos señalado- no está presente en la serie. El protagonista corresponde a la descripción del personaje bíblico que lleva su nombre y adquiere los rasgos de un tipo encantador y tronchamozas, irresistible y persuasivo. Obtiene siempre lo que se propone sin esfuerzos, gesticulaciones, ni amenazas. Le basta con formular la pregunta, mirar fijamente y sonreír. El atractivo “diabólico” hace el resto. Pero también el protagonista, Lucifer, es permanentemente requerido por un “servidor de las huestes celestiales” (“Amenadiel”) para que Lucifer abandone su piano-bar (¿o es una discoteca?) y regrese al frente del “inframundo” en el que su ausencia ha creado un caos absoluto. “Amenadiel” es un extraño ángel negro. En realidad, el nombre corresponde a otro espíritu diabólico el que el Ars Theurgiae (un libro que clasifica a las jerarquías diabólicas) una decía que era el “Emperador del Oeste”. Sin embargo, en la serie es una especie de mediador entre Lucifer y el mundo espiritual.

Los mensajes de la serie están claros: la existencia de Lucifer no debe preocuparnos, en realidad, el mal está en nosotros mismos y a poco que lo intentemos aflora inmediatamente. Las legiones de diablos no tienen nada más que esperar y ver caer a los humanos en la maldad. Ni siquiera hace falta tentarlos, ellos mismos, solitos se precipitan hacia ella. En un mundo así, Satanás, Lucifer, el Diablo tienen poco que hacer. Como máximo, preocuparse de que las torturas en los fuegos el infierno sean refinadas. El papel de “tentador” –la función histórica de Lucifer- está hoy muy devaluado. No es raro que esté en paro y que reuniendo fondos haya abierto un piano-bar.

UN PLANTEAMIENTO CASI PSCOLÓGICO

La serie está guionizada en clave de humor. Es lo que le separa y distingue del resto de productos estrenados este año sobre el tema del satanismo: OutCast (con el diablo paseándose por la América profunda), The Exorcist (síntesis de la serie llevada a la pantalla grande en cuatro ocasiones), La semilla del diablo (que cambia el escenario para el nacimiento del “hijo de Satán” de Nueva York a París). Todas estas series están realizadas en clave dramática, solamente Lucifer tiene la intención de hacernos sonreír (frecuentemente lo consigue).


Lucifer se ha ido sin despedirse de “papá” (el Dios que lo ha creado). Su ausencia ha sumida al infierno en el más absoluto caos. Ya nadie se preocupa de atender a las calderas, torturar a los condenados. Todos en el “inframundo” hacen lo que les da la gana. De hecho Lucifer estaba harto de la misma rutina: a fin de cuentas, la Biblia nos lo presenta como un rebelde. No es raro, por tanto, que elija a Los Ángeles como lugar para establecerse en la Tierra. Allí, incluso los más excéntricos pasan desapercibidos. Por otra parte, Lucifer no engaña, ni oculta su personalidad. Hace cinco años que se ha establecido en la ciudad y lo ha hecho con su nombre y apellidos: “Lucifer Morningstar” (Lucifer Estrella de la Noche). Pero todo se perdona en Los Ángeles, incluso un nombre desafortunado.

La serie apunta hacia un terreno inexplorado: la dimensión psicológica de Lucifer. Termina convirtiendo a una psicóloga en su amante y aprovecha la hora de consulta para introspeccionar en su psique. Hay alguna pulsación edípica en él: no sólo protagonizó una revuelta de adolescente contra el “padre” (Dios), sino que, además, ahora, en su período de juventud, se sigue comportando como un rebelde. Por eso abandonó su milenaria ocupación y por eso se muestra como un empresario con negocio propio, el ideal de todo californiano.

LA SERIE Y SUS ELEMENTOS

La serie tiene como protagonista principal a Tom Ellis, un Lucifer agradable y convincente con amplia experiencia en televisión. A pesar de haber rodado desde 2001 una veintena de películas para la pantalla grande, su rostro es más conocido por sus apariciones en televisión. Entre 2000 y 2005 apareció esporádicamente en distintas series y miniseries (desde Walking Dead [2005], hasta Wild West [2002]), a partir de ahí su carrera se disparó participando en los 29 episodios de la interminable serie británica Eastenders (2006) y en la serie No Angels (2004-2006), en Gothica (2005) interpretó el papel de “Viktor Frankenstein”, luego vino Miranda (2009-2015), hasta llegar finalmente a asumir el papel de “príncipe de las tinieblas”.


La mayoría de sus papeles son de joven seductor, algo malévolo, con cierta tendencia a asumir papeles en películas de terror. Su interpretación en esta serie constituye su principal gancho. La réplica le viene dada por dos personajes femeninos: una policía que, extrañamente resiste a sus encantos (papel interpretado por Lauren German que cuenta con un pequeño historial cinematográfico y, a partir de 2010 intervenciones en series de máxima audiencia (Hawaii Five-0 [2011-2012], Chicago P.D. [2014] y especialmente Chicago Fire [2012-2015] antes de interpretar a la policía divorciada y con hija en Lucifer) y una sirviente del maligno que trabaja en el piano-bar de Lucifer (Lesley-Ann Brandt, también habitual de las series en la última década: Spantacus [2011], CSI: NY [2011], The Librarians [2014-2015]).

En todos los casos defienden bien sus papeles pero no pueden evitar que tras la sorpresa inicial, le serie vaya perdiendo interés. Da la sensación de que a partir del tercer episodio, los guionistas renunciaran a generar matices nuevos en los personajes y se hayan limitado a explotar los que habían dado buenos resultados en las primeros. La serie, tiende a desinflarse a medida que avanza, a pesar de que siempre mantiene unos mínimos de humor.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

La serie es, sobre todo, divertida. Esto la hace digerible. La personalidad de Lucifer es lo de menos. Lo diabólico no está presente en el personaje central, sino en la sociedad en la que vive. El mensaje es interesante y, aunque no es nuevo, vale la pena recordarlo de tanto en tanto: somos como somos porque somos humanos y no necesitamos ni a Dios ni al Diablo para ser mejores o peores, simplemente depende de nosotros mismos. A partir de este mensaje puede considerarse a esta serie, no como un producto más, irrelevante y mediocre sobre un tema en el que 2016 ha dado abundantes frutos, sino como una serie de intriga policial y humor que hará pasar muy buenos momentos. Es además, una de esas series ligeras que uno puede degustar reposadamente. Se la podría calificar, incluso, de simpática.

Los que busquen exorcismos salvajes y gesticulaciones demoníacas, no las encontrarán aquí. El diablo que nos trae esta serie está próximo al interpretado por Robert De Niro en El corazón del ángel (1987) que al de El príncipe de las tinieblas (1987) de John Carpenter. Sólo que De Niro seguía al frente de la plantilla del infierno y el protagonista de Lucifer parece haber dimitido del cargo. Si usted está dispuesto a tomar lo luciferino a broma, vea esta serie que es, a la vez, broma y parodia. No es una sit-com (aunque contiene elementos del género), ni un thriller policial a lo Ley y Orden (1990-2010), tampoco es una reflexión psicológica extrema a lo En Terapia (2008-2010) y, sin embargo, es una síntesis de los tres. Lo que hoy se llamaría un “producto de fusión”. No crea que le vaya a cansar si cree estar saturado de películas sobre satanismo. Esta, en realidad, lo es sólo muy tangencialmente. 



Ficha

Título original: Lucifer.
Título en España: Lucifer
Temporadas: 2 (23 episodios)
Duración episodio: 40 minutos
Año: 2016.
Temática: Mística.
Subgénero: Comedia fantástica.
Tema: Lucifer, el “emperador de las tinieblas”, abandona el inframundo y abre un piano-bar en Los Angeles. De sus poderes diabólicos solamente retiene una extraordinaria capacidad para extraer la verdad de sus interlocutores. De ahí que participe en investigaciones policiales.
Actores: Tom Ellis, Lauren German, D.B. Woodside, Lesley-Ann Brandt, Kevin Alejandro, Rachael Harris, Kavin Rankin, Tricia Helfer.
Lo mejor: derivar el tema satánico hacia su vertiente simpática y resultona.
Lo peor: uno esperaba algo más de Lucifer
Puntuación: 7
Trailer (en inglés): https://youtu.be/X4bF_quwNtw
Trailer (subtitulado en castellano): https://youtu.be/K2kyWOMsy2Q
Web oficial (inglés):  http://www.fox.com/lucifer/
¿Cómo verla?: Puede verse en HBO.


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